miércoles, 16 de noviembre de 2016

Cuéntame un cuento

No olvides leer un cuento todas las noches ¿vale?

Sí. acierta a decir entre lágrimas mientras se abrazan.

Le arrancan de sus brazos. El pequeño sigue llorando a gritos, desesperado.

No llores mi amor, cada día ¿vale? Cómo lo hemos hablado. dice sosteniendo otro ejemplar del mismo libro de cuentos que su hijo lleva en las manos.

El amargor que le cae por el rostro le trae recuerdos de lo que ha perdido mientras se agarra fuerte a aquel libro. Maldice el momento en el que metía aquel paquete  bajo el abrigo con la esperanza de poder comer algo aquella noche. Sería lo único que saborearan ese día.

Todas las noches en su celda lee un cuento; tal y cómo le había prometido se sienta en su cama y “le” lee en voz alta. Se acaban repitiendo, pero sigue leyendo hasta acabar haciéndolo con los ojos cerrados. De sus labios surgen las historias que allí se cuentan mientras en su cabeza sólo ve a su pequeño.

Todas las noches se tumba en la cama y lee un cuento; tal y cómo le había prometido. Se acaban, pero  comienza de nuevo y a cada lectura sólo es capaz de escuchar su voz en la distancia mientras se queda dormidito.


Un día nuevo comienza y pasarán los años y todo el infierno quedará en tinieblas. De tiempos oscuros surgirá el recuerdo y sin pretenderlo ambos siempre tendrán aquellas noches, en las que se contaban mutuamente un cuento.

J.L. Galán

martes, 4 de octubre de 2016

Reflejo

Un rostro, sólo uno se refleja en el espejo.

Los ojos verdes no miran, acompañan el movimiento de la cabeza ¿Son fríos? No  ¿Vacíos? Quizás. No, no es eso. Simplemente, ya no hay nada en ellos. La tez cubierta de salpicaduras ha hecho frente a otra mirada en otros momentos de su vida. Ahora no; ni asco, ni repugnancia. Sólo en sus labios se adivina  algo cercano a una sonrisa y se desvanece frente al resto del espejo. 

Ella se ve en el  como de costumbre.  Contempla unos ojos llenos de vida, de ilusión y de esperanza. Una sonrisa enmarca su mirada, una que se siente capaz de alcanzarlo todo. Se acicala con tranquilidad frente al lavabo hasta que termina por  mirar al suelo y desaparece para siempre.

Muerto; también de miedo, mira a su asesina desde el suelo. La duda de la sorpresa se adivina en su cara, el horror de la confirmación en su pecho.  El último suspiro se refleja todavía en sus ojos: En el izquierdo el rostro de quien se libera de su monstruo. En el derecho el de quien sufrió su abuso, el de un  padre orgulloso de su hija.

J.L. Galán

lunes, 25 de abril de 2016

Invisibles

A nadie le gusta acudir puntual al momento de su muerte. Desde que soy invisible lo he deseado tantas veces, quizás por eso siempre llego tarde. Fue una sorpresa por fascículos.  
Todas mis obligaciones se encontraban al día; también los derechos, pero un día cualquiera perdí el trabajo. Los ahorros comenzaron a quemarse a pesar del frío que hacía en casa. El trabajo nunca volvió cómo antes. Los vecinos ya no saludaban, quizás este fuera el primer síntoma. A pesar de la clemencia; ni el banco, ni el estado nos dio ningún tipo de esperanza y acabamos perdiendo la casa. Mi pareja se fue con exquisita puntualidad antes de que nos quitaran a los niños. 

Para ti, debo de ser uno más en esa cifra que dan los papeles oficiales. Intento mirarte a los ojos, pero ya nunca encuentro tú mirada. Prefieres mirar al vacío. Te entiendo, no te creas. Me recuerdo haciendo lo mismo; pensando que eso nunca podría pasarme, convenciéndome imaginando fantasmas: vagos, borrachos… para no verlos vagar por las calles. Si no existimos puedes sentirte seguro y satisfecho en tu mentira; en tus obligaciones y en tus derechos. Ya no tengo nada de esto, soy invisible.

Juan Luis Galán Olmedo


martes, 5 de abril de 2016

Nada de Jane Teller

Han pasado unas semanas desde que leí este libro y hoy me ánimo a escribir sobre él con la perspectiva que da el tiempo y el recuerdo  que me ha traído la lectura sobre una performance   –Rhythm 0- realizada por Marina Abramovic allá por 1974.

Lo primero que tengo que decir sobre Nada es que no admite la indiferencia del lector mientras es leído. En algún momento dan ganas de no acabar la lectura; no porque esté mal escrito (Tampoco lo contrario), si no por cómo  consigue revolverte en el asiento mientras lo lees. Es una novela que vas a odiar, amar o toda la gama de grises sentimientos intermedios que se te puedan ocurrir, pero creo que va a ser difícil que no te revuelva por dentro.

Si estás dispuesto a ello, adelante; su corta extensión hace que se lea rápido. La evolución de la historia en base a los personajes que la protagonizan; adolescentes en un aula de un pequeño pueblo en el norte de Europa te va a atrapar en cuanto seas capaz de superar los primeros capítulos.

Todavía no sé si la odio o la amo, pero sí tengo claro que es una novela que tendré que volver a leer y sentir en el futuro para comprobar si el poso que me ha dejado sigue igual de amargo. Esto no lo puedo decir de muchas novelas, por muy bien escritas que estén y eso, a mi parecer,  es algo que la va a convertir en parte de mi biblioteca. 

Si te animas, ya me contarás en qué estado te deja tras terminar su lectura.

J.L. Galán

viernes, 20 de noviembre de 2015

Doppelgänger

Lo único que notaba Alejandro era el bombeo de la sangre en la  cicatriz que se cruzaba en cada una de sus muñecas. Su corazón latía por costumbre. Durante la noche, mientras dormía, era el único instante en el que en ocasiones sus labios mostraban algo similar a una sonrisa desde el día de aquella cita a ciegas. Siempre soñaba lo mismo, pero no recordaba nada excepto un profundo  olor a café recién hecho.

Morir cuesta más de lo que la mayoría cree.  Adrián tenía esa certeza, intuida sólo a través de una repetición de ideas y presente en cada uno los sueños que se habían sucedido en su vida. Era lo único que soñaba, pero desde que conociera a Celia solo lo hacía recordándolos a través de los labios de ella.

Celia siempre reaccionaba de la misma manera, como si la repetición de una idea se reflejara siempre de la misma forma: Fruncía el ceño mientras escuchaba con paciencia,  y cuando Adrián ya había acabado; le repetía lo loco que estaba, le propinaba un beso y se levantaba con prisas por comenzar el día. Adrián siempre aprovechaba para contárselo nada más despertar, cómo si la espera hiciese el olvido y no hubiera segunda oportunidad. Quizás no estaba muy errado sobre esto último; cada vez que ella salía huyendo de la cama, perdía la noción de su propio pensamiento y memoria mientras observaba cómo se balanceaba de espaldas su cuerpo  yendo rauda  a encender la cafetera.

Pasadas algunas semanas, los sueños de Adrián eran cada vez más constantes. Celia había llegado al punto de darle un ultimátum. No deseaba seguir escuchando más sueños sobre diferentes maneras de morir. Discutieron, se reconciliaron. Aquel viernes trece sería el primero de muchos  que él olvidaría soñar para siempre.


Ese domingo al abrir el dominical, ella le mostraba a Adrián; con una mezcla de curiosidad y asombro una noticia, sucedida tan sólo dos días antes. Aparecía en la foto un chico con un parecido asombroso a él. Ambos la leyeron dejando que el silencio ocupara por unos momentos la estancia. Adrián se quedó pensando en la única cosa que nunca le había contado a Celia: el día en el que se conocieron iba de camino a la azotea de aquel mismo edificio, dispuesto a lanzarse al vacío de aquella misma forma. Celia por su parte le daba vueltas a un recuerdo mantenido oculto a él durante todo aquel tiempo: El día en el que se cruzaron sus caminos;  en realidad, iba de camino a una cita a ciegas con un chico llamado Alejandro.

J.L. Galán

Nota: Es mi pequeño homenaje a la espera de poder disfrutar oficialmente de la novela Doppelgänger de @GabriRodenas . Hago notar la curiosidad de que sea esta lectura la que me saca del vacío creativo en el que llevo instalado varios meses ;-)