lunes, 25 de abril de 2016

Invisibles

A nadie le gusta acudir puntual al momento de su muerte. Desde que soy invisible lo he deseado tantas veces, quizás por eso siempre llego tarde. Fue una sorpresa por fascículos.  
Todas mis obligaciones se encontraban al día; también los derechos, pero un día cualquiera perdí el trabajo. Los ahorros comenzaron a quemarse a pesar del frío que hacía en casa. El trabajo nunca volvió cómo antes. Los vecinos ya no saludaban, quizás este fuera el primer síntoma. A pesar de la clemencia; ni el banco, ni el estado nos dio ningún tipo de esperanza y acabamos perdiendo la casa. Mi pareja se fue con exquisita puntualidad antes de que nos quitaran a los niños. 

Para ti, debo de ser uno más en esa cifra que dan los papeles oficiales. Intento mirarte a los ojos, pero ya nunca encuentro tú mirada. Prefieres mirar al vacío. Te entiendo, no te creas. Me recuerdo haciendo lo mismo; pensando que eso nunca podría pasarme, convenciéndome imaginando fantasmas: vagos, borrachos… para no verlos vagar por las calles. Si no existimos puedes sentirte seguro y satisfecho en tu mentira; en tus obligaciones y en tus derechos. Ya no tengo nada de esto, soy invisible.

Juan Luis Galán Olmedo


martes, 5 de abril de 2016

Nada de Jane Teller

Han pasado unas semanas desde que leí este libro y hoy me ánimo a escribir sobre él con la perspectiva que da el tiempo y el recuerdo  que me ha traído la lectura sobre una performance   –Rhythm 0- realizada por Marina Abramovic allá por 1974.

Lo primero que tengo que decir sobre Nada es que no admite la indiferencia del lector mientras es leído. En algún momento dan ganas de no acabar la lectura; no porque esté mal escrito (Tampoco lo contrario), si no por cómo  consigue revolverte en el asiento mientras lo lees. Es una novela que vas a odiar, amar o toda la gama de grises sentimientos intermedios que se te puedan ocurrir, pero creo que va a ser difícil que no te revuelva por dentro.

Si estás dispuesto a ello, adelante; su corta extensión hace que se lea rápido. La evolución de la historia en base a los personajes que la protagonizan; adolescentes en un aula de un pequeño pueblo en el norte de Europa te va a atrapar en cuanto seas capaz de superar los primeros capítulos.

Todavía no sé si la odio o la amo, pero sí tengo claro que es una novela que tendré que volver a leer y sentir en el futuro para comprobar si el poso que me ha dejado sigue igual de amargo. Esto no lo puedo decir de muchas novelas, por muy bien escritas que estén y eso, a mi parecer,  es algo que la va a convertir en parte de mi biblioteca. 

Si te animas, ya me contarás en qué estado te deja tras terminar su lectura.

J.L. Galán

viernes, 20 de noviembre de 2015

Doppelgänger

Lo único que notaba Alejandro era el bombeo de la sangre en la  cicatriz que se cruzaba en cada una de sus muñecas. Su corazón latía por costumbre. Durante la noche, mientras dormía, era el único instante en el que en ocasiones sus labios mostraban algo similar a una sonrisa desde el día de aquella cita a ciegas. Siempre soñaba lo mismo, pero no recordaba nada excepto un profundo  olor a café recién hecho.

Morir cuesta más de lo que la mayoría cree.  Adrián tenía esa certeza, intuida sólo a través de una repetición de ideas y presente en cada uno los sueños que se habían sucedido en su vida. Era lo único que soñaba, pero desde que conociera a Celia solo lo hacía recordándolos a través de los labios de ella.

Celia siempre reaccionaba de la misma manera, como si la repetición de una idea se reflejara siempre de la misma forma: Fruncía el ceño mientras escuchaba con paciencia,  y cuando Adrián ya había acabado; le repetía lo loco que estaba, le propinaba un beso y se levantaba con prisas por comenzar el día. Adrián siempre aprovechaba para contárselo nada más despertar, cómo si la espera hiciese el olvido y no hubiera segunda oportunidad. Quizás no estaba muy errado sobre esto último; cada vez que ella salía huyendo de la cama, perdía la noción de su propio pensamiento y memoria mientras observaba cómo se balanceaba de espaldas su cuerpo  yendo rauda  a encender la cafetera.

Pasadas algunas semanas, los sueños de Adrián eran cada vez más constantes. Celia había llegado al punto de darle un ultimátum. No deseaba seguir escuchando más sueños sobre diferentes maneras de morir. Discutieron, se reconciliaron. Aquel viernes trece sería el primero de muchos  que él olvidaría soñar para siempre.


Ese domingo al abrir el dominical, ella le mostraba a Adrián; con una mezcla de curiosidad y asombro una noticia, sucedida tan sólo dos días antes. Aparecía en la foto un chico con un parecido asombroso a él. Ambos la leyeron dejando que el silencio ocupara por unos momentos la estancia. Adrián se quedó pensando en la única cosa que nunca le había contado a Celia: el día en el que se conocieron iba de camino a la azotea de aquel mismo edificio, dispuesto a lanzarse al vacío de aquella misma forma. Celia por su parte le daba vueltas a un recuerdo mantenido oculto a él durante todo aquel tiempo: El día en el que se cruzaron sus caminos;  en realidad, iba de camino a una cita a ciegas con un chico llamado Alejandro.

J.L. Galán

Nota: Es mi pequeño homenaje a la espera de poder disfrutar oficialmente de la novela Doppelgänger de @GabriRodenas . Hago notar la curiosidad de que sea esta lectura la que me saca del vacío creativo en el que llevo instalado varios meses ;-)

jueves, 24 de septiembre de 2015

Edición PEQUES. El árbol de los libros.

Buenas,

¿Qué tal todo? Parece que todo sigue igual por aquí. Bueno, voy a intentar retomar el blog como si fuera ayer la última vez y lo voy a comenzar escribiendo sobre  una bonita iniciativa que me ha llegado a través de una buena amiga. 


A ver si puedo explicaros más o menos en que consiste sin liarme, ni liaros:

La iniciativa, el juego, consiste en recibir una carta (Así entras en la cadena. A mi me ha llegado por medio digital, también vale y de hecho facilita la tercera parte del juego) con dos recuadros, 1 y 2. En el recuadro 1 iría el nombre, dirección postal y edad del niño al que se enviará un libro de regalo, adaptado a su edad -Por eso este dato es importante-.
En el recuadro 2 va el nombre, dirección postal y edad del pequeño por el que has entrado a jugar en el juego. 

Una vez recibida la carta sólo hay que hacer tres cosas:

1- Enviar un libro físico de regalo (En este punto aún no se ha digitalizado el asunto) al niño del recuadro 1.
2- Modificar la carta poniendo en el recuadro 1 los datos del niño del recuadro 2 de la carta que tu recibiste (Por el que has entrado a jugar) y en el recuadro 2 los datos de tu hijo (Recuerda: Nombre, dirección postal y edad). 
3- Enviar esta carta, ya modificada desde el punto 2, a 6 familias amigas que quieran participar en el juego (Antes de enviarla, mejor preguntar antes y así evitamos que se rompa la cadena -Se supone que si saben de que va el juego y aceptan participar es que van a enviar el libro y van a intentar que otras 6 familias jueguen a su vez. De esta manera el juego, la cadena, continuará.)

Nota para los padres con más hijos -Qué también tuve la duda- : La cadena en el punto 3 es para 6 familias, no más por lo visto. Esto implica que si tienes más hijos tendrás que poner en el recuadro 2 los datos de tus hijos de manera equitativa (Asumimos que los quieres por igual), pero solo un nombre en cada carta. Por ejemplo; en el caso de tener 2 hijos: En tres cartas ira en ese recuadro 2 el nombre del primer niño con su respectiva edad y en las otras tres el nombre y edad del otro niño -En este punto imagino que la dirección coincidirá, pero si no es así modificarla también- .

Después sólo queda esperar a que todo fluya. Si todo va bien algún día tu pequeño recibirá un libro (Alguno más si nadie rompe la cadena) que alguna familia le habrá enviado para disfrutar junto a vosotros de su lectura.

¿Qué os parece el juego? Fácil ¿no?

Como imaginareis yo ya estoy dentro del juego. De hecho estoy  en pleno punto 3; buscando a esas 2 (Este número irá descendiendo según pueda hacer fluir la cadena -Si estás leyendo esta entrada expresamente invitado por mí en tuiter este es un motivo añadido ;-P ¿Juegas?-) familias amigas que quieran participar y completen mi parte de la cadena. 

En definitiva, me ha parecido una forma divertida y curiosa de fomentar la lectura  entre los pequeños de la casa (Según indican en el grupo de facebook todo parte de unas profesoras que lo idearon con la intención de fomentar este saludable hábito entre los niños). De hecho me consta de algún colegio que usa un sistema similar entre compañeros de clase y entre aulas.

Creo además de que es un juego que permite implicar al niño con facilidad -Recomiendo hacerlo desde el inicio- en la búsqueda del libro que se va a enviar a ese desconocido y la intriga de saber si recibirá o no el libro por parte de otra familia en el futuro -Aquí habrá que gestionar la posibilidad de que eso nunca suceda, todo hay que decirlo-.

Aun así, os puedo asegurar que el mío está cómo loco con la idea (La pequeña aún no puede entender la mecánica del juego, pero no dudo de que disfrutará del libro que le llegue en su momento.), que está participando desde el inicio con muchas ganas y que estoy seguro de que si recibe algún libro se le va a iluminar el rostro y van a leerlo junto a sus padres con ilusión añadida. También sé que si no lo reciben seguiré haciendo todo lo posible porque descubran el placer de leer junto a nosotros y que al menos un niño estará disfrutando junto a sus padres de la lectura de ese libro y creo que justo es de esto último de lo que trata este juego.

Un abrazo.

J.L. Galán



viernes, 20 de febrero de 2015

Fría Marquesina

Nunca hubiera imaginado que aquella sería la última noche que pudiera dormir. El frío ya era evidente a esas alturas del invierno y los huesos cada vez  respondían con menor alegría al inicio de la madrugada. El primer autobús pasaría en unos minutos y los primeros pasajeros comenzaron a ocupar la parada. <<A quien madruga dios le ayuda>> pensó en voz alta mientras recogía todo antes de emprender su camino. A su alrededor nadie respondió al silencio.

Varias horas a pie le separaban de su destino. Caminaba con el sonido de la ciudad de fondo y su voz resonando a través de los oídos, pero solo él escuchaba. Era parte de la rutina en ese paseo diario hacía el único lugar donde volvía a sentirse persona. Asegurarse un plato de comida caliente y unas horas de refugio bajo un techo, placeres nada despreciables en su caso, no eran comparables a las conversaciones que se daban en aquel lugar durante las escasas horas que les permitían estar en el recinto.

Con todas sus posesiones encaminó el viaje de vuelta a su hogar entre recuerdos de un presente ya pasado y un pasado muy presente; momento en el que la mente ocupaba su rostro mientras jugueteaba con el tiempo en su memoria:

La sonrisa le embriagaba mientras recordaba a Andrés jugar en el parque bajo su atenta mirada tras un día de guardería y trabajo. El orgullo que sentía al  verle crecer día a día ¿Dónde estaría ahora? ¿Le reconocería al verle? ¿Se acordaría él de su padre? En ese momento las lágrimas le recordaban que hacía ya trece años que el pequeño había desaparecido de su vida junto a su madre. Aquella marquesina fue el último lugar donde le vería, aún recordaba cómo se despidió hasta la tarde sin imaginar nada parecido. La memoria no entendía de tiempo y el dolor era tan intenso que parecía nuevo el recuerdo.


Ensimismado en sí mismo ni siquiera se había percatado de la fina lluvia que había conseguido calar sus ropas acompañándole hasta su lugar de partida. Había regresado de manera automática, siempre que volvía sonreía, la esperanza de que aquel fuera el día en el que se lo encontrara nunca se desprendía de su alma. Caminó alrededor del parque haciendo tiempo a que el último viaje partiera y con suerte entrar en calor antes de volver a tumbarse. Llegado el momento preparó los cartones sobre el asiento y se dispuso a pasar entre sueños lo que quedaba de noche en aquella última parada.

Juan Luis Galán Olmedo