lunes, 2 de mayo de 2011

Llanto

-Supo que volverían a verse, en el mismo momento que se cruzaron en el metro. ¿Eso te dijo?

-Sí, ojala el tiempo le hubiera quitado la razón.

Me contó, que durante años estuvo obsesionado con la idea de volver a verme, aquellos ojos azules que en esa triste y desangelada parada de metro hizo que se iluminara aquella estación.

Obsesionado con esa imagen, no dejaba de pasar por allí a esas horas, intentaba encontrar la sonrisa que le cautivó en un fragmento de segundo; nunca entendió como fue posible. Él, que siempre se había regodeado de estar por encima del bien y del mal, del odio y del amor. Él, que había conquistado tantos corazones y de la misma manera los había abandonado; ahora mismo, desde aquel momento, era incapaz de sentir nada sino era con el recuerdo o buscando, nuevamente, aquel fugaz encuentro.

La obsesión se fue mitigando, el paso del tiempo le permitió asumir que iba a ser incapaz de volver a sentir lo que en ese instante sintió; aquellos años intentó olvidar pero era imposible. Las relaciones que había podido iniciar siempre acababan por culpa de aquel instante. No podía aceptar menos que lo que sintió en aquel anden de metro.

-Continua, cuéntamelo todo, aunque sea entre sollozos.

-Lo intento.

Y nunca lo aceptó, mucho tiempo en solitario hasta que un día, uno cualquiera, en aquel anden de metro una mano se le posó en el hombro. Se dio la vuelta y no reaccionó, estaba estupefacto, hasta que al final pudo mostrar una sonrisa en respuesta a mis ojos azules y su cautivadora sonrisa como decía él. Lo recuerdo perfectamente.

Nos presentamos, nos contamos aquellos años tras el primer encuentro mientras tomábamos un café. Salimos, yo cruzaba la calle; él, detrás observando sin creerse que había vuelto a encontrarme.

Un sonido de frenada me hizo darme la vuelta y …, temí lo peor. El camión le…, esa fue la última vez que le vi…

No lo entiendo, minutos antes hablando sobre aquel día, sobre como él sabía que volveríamos a vernos; yo le conté que nunca estuve tan seguro de ello que por si acaso siempre miraba a ver si le encontraba.  Hablamos de nuestras vidas, le conté aquellos años, el me contó los suyos, su obsesión, su búsqueda, tal y como te he contado. Al terminar salimos, yo iba delante de él, y…

Desgraciadamente, el tiempo me quitó la razón y se la dio a él. Ojala hubiera tenido razón yo, quizás él aún podría seguir buscándome… ¡estaría vivo!.

-Tranquilo, puede que tengas razón, la pregunta es a qué precio. Piensa que al menos durante un fugaz instante estuvisteis juntos. No creo que él se arrepienta de haberte encontrado, no te arrepientas tu de ello. Ven, dame un abrazo.





Juan Luis Galán Olmedo

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