lunes, 6 de junio de 2011

Pólvora a sus pies

A base de plomo curaban todos los males, así es como siempre lo habían hecho y por ello se les conocía en el barrio.

Todo había surgido por una pelea, una estúpida pelea; como todas, por una mirada mal 'interpretada’. Tuvieron una excusa con la que disfrutar del olor de la pólvora.

Simplemente habían mirado 'mal' a las personas equivocadas y habían sentido en sus carnes el tratamiento de plomo, como siempre habían hecho sus verdugos. Las victimas no estaban en un lugar conocido y se habían encontrado con quienes no debieron hacerlo nunca.

Claro que cuando los hermanos, que así los llamaban, hicieron de las suyas, no sabían lo que desencadenaría su acción en un futuro cercano; quizás si así hubiera sido se hubieran controlado por primera vez en su vida.

Pasaron las semanas y una mañana lluviosa aparecía en el barrio 'El Exterminador', así se le llamo desde los sucesos que acontecieron en aquellas horas.

Un hombre de un metro y ochenta centímetros. No llamaba la atención en su caminar, pero no pasó desapercibido aquella mañana cuando empezó a preguntar por el barrio sobre lo sucedido unas semanas antes con la muerte de una pareja de manera violenta.

Nadie le contestaba, él sentía como si todo el mundo supiera sobre lo que hablaba y al mismo tiempo nadie sabía nada. Suponía que el miedo en el barrio era fruto de un control férreo de las personas que habían ejecutado al hijo de su cliente. El miedo era un fuerte método de control.

Demasiadas preguntas siempre dan resultado y él lo sabía; al fin y al cabo solo pretendía acabar cuanto antes y si no obtenía la respuesta, sería lo suficientemente persistente como para que su respuesta acudiera a él.

Tardaron menos de lo que imaginaba, en ese instante pensó que eran más arrogantes de lo que imaginaba. Efectivamente, los mismos hermanos se plantaron frente a él y le preguntaron de malos modos el porqué de su insistencia.

El solo contemplaba, y les pregunto; ya que no quería equivocarse de personas, por el suceso de semanas antes tal y como había hecho por todo el barrio el día anterior.

Ellos, gallitos en su gallinero, envalentonados, afirmaron su hacer al tiempo que sacando uno de ellos su pistola le apuntaba a la cabeza.

No había duda, no hubo ningún amago de miedo en su cara y ellos lo notaron acercando mas el cañón de la pistola a su sien. Un momento de duda ante la cara impasible de él, un momento de duda. Un error que pagarían muy caro el resto de sus vidas.

En un movimiento veloz, aparto su rostro del cañón de la pistola, al mismo tiempo, con un golpe fuerte en contra del brazo del hermano que le apuntaba, conseguía arrebatarle la pistola de sus manos. Inmediatamente sonó un disparo y el mismo que minutos antes sostenía la pistola amenazante yacía muerto con un agujero de bala en su cabeza.

Su hermano no tuvo tiempo de reacción; al intentar sacar el arma ya había recibido un disparo desde un arma que 'El Exterminador' había sacado con su otra mano desde el costado, le había dejado desarmado, sangrando por sus dedos, en el mismo movimiento en que había matado a su hermano con su propia arma.

Pensó que era el último instante, pero para su desgracia él tenía otros planes en su caso.









Juan Luis Galán Olmedo

Continua en el relato Crematorio



1 comentario:

  1. ¿ Que si me acuerdo ?
    ¡¡¡ Claro que si ¡¡¡
    ¡ Que tiempos aquellos, ¿ verdad ? No me atrevo a preguntar, la vida es capaz de mover el mundo en unos años... ¿ Te va bien ? Perdoname si me equivoco pero ¿ te casaste? Jolin, hablemos y pongamos al día todo lo que nos ha sucedido. Me alegra muchisimo el saber de ti. De verdad.
    Un abrazo grande, muy grande

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