lunes, 23 de mayo de 2011

Despedido

'Está usted despedido'. Me lo soltó allí delante de todo el equipo en la reunión del martes, en la reunión más importante de los últimos años, en la que íbamos a decidir el plan de acción para la empresa en el futuro a corto, medio y largo plazo. 
            
Imagínate como se quedó mi cara a pesar de que sabía que era lo que tenía que suceder. Era cuestión de tiempo que nos descubrieran y ese era una de las opciones que existían si sucedía aquello.

Trabajo para una muy importante empresa multinacional presente en los cinco continentes, la verdad es que el trabajo es una maravilla, pero como siempre algo malo tenía que tener y en este caso era la norma de no tener relaciones sentimentales con compañeros del trabajo.

A ella la conocí dos meses tras llegar a la empresa y la verdad es que no sé como empezamos a buscarnos, pero el caso es que sucedió y decidimos seguir adelante con ello a pesar de que nos jugábamos nuestros respectivos puestos.

Con el paso del tiempo, tras dos años de relación terminamos casándonos, así que imagínate lo duro que fue tener que esconder día tras día nuestra unión frente al entorno. Sabíamos que alguna vez podría pasar que lo descubrieran y lo asumimos, pero preferíamos estar juntos. El caso es que en las últimas semanas teníamos la sensación de que teníamos que escapar de algún modo de aquello porque no creíamos que aguantáramos mucho más. El peso era ya demasiado, necesitábamos liberarnos y ser nosotros mismos.

Además, las incursiones en su despacho para poder estar a solas cada vez eran mas frecuentes y desde luego que no me arrepiento de ello puesto que eran momentos de pasión y lujuria desatados en un instante, pero debo reconocer que en mas de una ocasión  han estado a punto de pillarnos. Demasiado cerca. 

Recuerdo aquella ocasión en que me pillaron debajo del escritorio; por suerte su escritorio no es abierto y era imposible que desde el otro lado se me pudiera ver, pero la situación fue cuanto menos curiosa, ella con la falda subida hasta la cintura, sin las braguitas, que ya me había encargado yo de quitarle y disfrutando de su sexo sin prisas, ya que todavía quedaba tiempo; la hora de comer no había terminado aun y luego había reunión. Imagínate la situación, yo, ahí debajo disfrutando de su entrepierna y  ella intentando mantener la cara de póquer; casi me manda a hacer gárgaras tras aquello, supongo que fue mas fácil para mi que para ella. No puedo evitar sonreír  mientras lo recuerdo. Ella tampoco.

El caso es que justo antes de la reunión nos habíamos quedado a solas y por supuesto antes de ir  hacia la sala de reuniones hablamos y decidimos que había que hacer algo y tras hablarlo, aprovechamos el tiempo. Ya te  he contado antes, fue la vez que mas cerca estuvimos de ser sorprendidos, menos mal que estaba debajo del escritorio. Era inevitable en nosotros, en realidad, no queríamos evitarlo. El Subdirector entró  para recordarle que había reunión esa mañana y que faltaban unos minutos. Tras dejarnos de nuevo a solas decidimos que ella saldría antes. Se vistió y yo me quedé con sus braguitas. Las metí en mi bolsillo.

En la sala de reuniones, estaba ya todo el mundo cuando entré por la puerta, el ambiente era bastante serio y supuse porque podía ser. 


La Directora General estaba ya en su silla y todos sabíamos que no se podía llegar nunca mas tarde que la Directora General. Era una ley no escrita, cuando entré, se dirigió a mí mientras me dirigía a mi asiento y soltó que no tuviera prisa  por llegar; ‘Esta usted despedido’ es lo siguiente que soltó. La miré sorprendido, no esperaba que fuera de aquella manera. Le pedí disculpas, le dije que sentía la tardanza, pero ella solo reiteró que la puntualidad era una de las normas junto a otras que no estaba dispuesta a dejar saltar por cualquiera. De manera que sin tiempo a dar explicaciones me vi sin trabajo. Nada pude decirle antes de irme.

Una vez llegué a casa le escribí un mensaje a ella, contándole que la esperaría en casa con la cena preparada.

Ella llegó tarde aquel día, la reunión se alargó mas de lo esperado, cuando llegó estaba esperándola en el sofá,  llegaba  destrozada, echó el maletín en un lado y se dirigía hacía mi cuando le lancé sus braguitas; ella las cogió en sus manos, me miró y me soltó ‘No querrás que te despida otra vez, ¿no?’. No pudimos parar de reír durante el resto de la noche, cenamos a la luz de las velas -sin ropa que cubriera nuestros cuerpos-, riendo, comiendo, bebiendo y…  Por fin éramos libres para ser nosotros y aquella noche nos desquitamos.

Al día siguiente ella se levantó pronto para ir al trabajo y yo quedé con ella para ir a comer juntos, en principio quedamos en el restaurante, pero decidí sorprenderla. Compré un ramo de flores; las mas llamativas que había en la tienda y fui a la oficina. Al entrar en el edificio se sorprendieron al verme pero no dijeron nada, el pase aun me daba acceso, llegue a la oficina y fui saludando a todos los compañeros, viendo su mirada de asombro al verme allí con aquel ramo de flores. Creo que me seguían, pero me daba igual, fui como muchas otras veces a su despacho y antes de entrar respiré y leí ‘Directora General’, sonreí y entré.

Le entregué las flores, no puedo describir su mirada, pero siempre la tendré en mi memoria. Nos besamos y salimos juntos cogidos de la mano. Por primera vez nuestros anillos de casados podían acariciarse en otro lugar que no fuera nuestra casa.


Juan Luis Galán Olmedo

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