lunes, 27 de junio de 2011

Esperando

Estaba de pie apoyada en la parada de autobús, miraba a un lado y a otro buscando a alguien, a su cita probablemente. No parece que le viera.

Como siempre, ella puntual, estaba esperando y dando vueltas en su cabeza, imaginando que sucedería a continuación, nerviosa como siempre. Se había prometido a si misma que dejaría de hacerlo, pero como siempre la promesa se había quedado en el aire.

Comenzó a llover de repente y tuvo que resguardaras bajo los soportales que a su espalda le ofrecían un lugar seco. Consulto el reloj, seguía sin verle.

Él estaba en camino bajo la lluvia, acababa de comprar una rosa; se supone que ella le identificaría por ese detalle. No pareció darle importancia al hecho de ir mojándose bajo la incesante lluvia, él también le estaba dando vueltas en su cabeza, hacía tiempo que aprendió a aceptarse y no podía evitar ponerse nervioso ante el inminente encuentro con aquella desconocida.

Al cruzar la esquina de la calle se dirigió a la parada de autobús donde habían quedado, pero no pudo verla. Pensó que había llegado pronto, su reloj no se lo confirmó. Continuó oteando el horizonte en todas direcciones intentando divisar el vestido que ella le había descrito con tanto detalle y que dijo llevaría puesto esa tarde. No la veía por ninguna parte.

Ella se giró tras la columna tras la que se 'escondía', le vio y se sorprendió ante el hecho de intuir que ya conocía a ese chico que estaba de espaldas.

Al girarse él, se vieron y sorprendidos fueron a su encuentro. Cuando las miradas de ambos se cruzaron, no pudieron hacer nada mas que sonreírse mutuamente.

Se habían conocido por casualidad, hacia unos meses en un chat de internet y nunca habían llegado a intuir que la otra persona con la que se escribían era un amigo de sus años de juventud, de aquella juventud ya olvidada; a pesar de que aún eran jóvenes los dos. No habían hablado de su pasado y era este el que, ahora, más les unía.

Diez años atrás habían sido amigos, habían compartido amigos y habían pasado su tiempo juntos. Él nunca le dijo a ella lo que sentía, ella nunca le dijo a él lo que sintió.

Al mirarse, de nuevo, sonrieron, y mirándose de nuevo a los ojos, bajo la incesante lluvia de aquella tarde de abril, se cogieron de la mano. Las palabras nos asomaron de sus labios. Se pusieron a caminar, cogidos de la mano, un paso detrás de otro; él, ligeramente detrás de ella.

Hoy ya llevan toda su vida juntos y juntos han olvidado aquellos diez años que no supieron nada el uno del otro. Los han recuperado. Se alegran de haberse vuelto a encontrar y solo se entristecen cuando piensan que hubiera sido si no se hubieran escrito años atrás a través de aquel canal que les volvió a juntar. ¿Por qué el tiempo les robó aquellos años que pudieron haber compartido?

Se miraron y sonrieron cogidos de la mano, como en esa tarde lluviosa de abril, recordando el día en que se volvieron a encontrar.


Juan Luis Galán Olmedo

2 comentarios:

  1. Comentaba que me habia gustado mucho, pero que se habia alejado un poco del estilo de tus ultimos relatos.
    Yolanda

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