lunes, 8 de agosto de 2011

Ruido

El sonido fue fuerte y  sordo. Bajé la música e intenté volver a oír lo que había escuchado, debió de producirse muy cerca de la casa.

Yo estaba tranquilamente en el piso, escribiendo unas cuartillas mientras escuchaba música. Hacía años que escribía y la sensación me liberaba, supongo que debido al hecho de crear algo de la nada. El papel me servía de refugio ante el resto del mundo. Tal vez, por eso nadie nunca las había leído.

Me levanté extrañado, apague la cadena de música y salí al balcón a ver si desde allí podía divisar el tumulto que se había producido y que estaba escuchando de fondo. Hacía una noche preciosa de primavera, el cielo estaba despejado y la temperatura era buena para la época del año. No pude ver nada a pesar de mi insistencia. Así que decidí  volver al lugar en el que estaba momentos antes y continué escribiendo a pesar del ruido de fondo.

No me estaba gustando lo que había escrito esa noche, no tenía muy claras las ideas y no dejaba de darle vueltas a la cabeza, ningún tema se quedaba durante cinco segundos como para que pudiera madurarlo y escribir algo, que mereciera la pena.
Era como si el ruido que venía de la calle se hubiera instalado en mi cabeza, no era capaz de escuchar con nitidez ninguno de mis pensamientos:

‘...miedoalsentidotemordudaelpajaroflotaenelaireseduermetraicionenlaeraeltiempoquejadelamorolvidadoruidodudatrabajoespaciohaciendaemedueleesperodudavidasexoaguaesfamiliapresentesipasadoamistadfuturoojosalmasusmanoslaidearonroneodeolasinsoportablesueñomuertementiradudanopuedoamosientotengosabiotiempo…’

Me levanté de nuevo, cerré la puerta de la terraza, bajé las persianas en un intento de neutralizar el escándalo del exterior; olvidando por un momento el que tenía organizado dentro de mí.

No estaba concentrado y las ideas no venían a mi mente, se escapaban una detrás de otra antes de ni siquiera tantearlas. Al fondo, el tumulto ocasionado cada vez se hacía más fuerte e insistente. Ni el hecho de poner de nuevo la música lo calmaba, así que desistí de dejar encendido el aparato.

Oí que llamaban a la puerta,  hice caso omiso prefiriendo continuar con lo que estaba haciendo y volví sobre las hojas en blanco, pero la insistencia con que llamaban empezaba a ser  irritante y  pensé en ir a abrir para pedir que dejaran de hacer  tanto  ruido.

De repente, sin previo aviso, sentí un impacto contra la puerta del piso, y vi como entraba gente, en tumulto, a la casa. Hecho una furia comencé a pedir explicaciones; cuando me di la vuelta y me vi tendido en el suelo, no podía creer lo que estaba viendo.

En el suelo, sobre la alfombra manchada de sangre, me encontraba tendido con un agujero de bala atravesando mi cabeza de lado a lado y una pistola humeante se recogía en mi mano izquierda.          

No comprendía lo que estaban viendo mis ojos; ante mí, yo mismo. El personal sanitario que acababa de irrumpir en casa  estaba intentando salvarme la vida; tras unos instantes eternos dieron  por perdida la tarea.

Todavía sorprendido intenté acercarme al cuerpo, no pude evitar sentir un escalofrío estremecedor, tardé unos segundos en reparar en las cuartillas tendidas en la alfombra y bañadas de sangre. Del fondo del papel enrojecido solo se podían divisar unas pequeñas frases entrecortadas de las que  solo pude llegar a leer:

‘…siento…’, ‘…me duele…alma…’, ’…no…’, ‘…el…ruido…es…insoportable…’

Y finalmente: ‘El sonido fue fuerte y sordo…’

No recuerdo haber terminado de leer. Con el arma fuerte contra mi sien, apreté el gatillo.

Juan Luis Galán Olmedo

1 comentario:

  1. Me ha sorprendido, la verdad es que no me esperaba el desenlace. Me ha gustado, aunque es un poco duro. Este cuento es de aquellos que se pueden empezar a desarrollar y hacer de el una novela. Deja interrogantes para llenarlos con respuestas.
    Mi hija no recuerda donde vio el enlace a tu blog, pero si lo vuelve a ver me lo dirá.
    Yolanda
    Besos

    ResponderEliminar