lunes, 26 de septiembre de 2011

Comprender

Entonces lo comprendí todo. Tenía que retomar mi vida y ella hacía años que se había marchado. Debía empezar de nuevo. Nada cobraría sentido sino comenzaba de nuevo.

Desde que se marchó, dejándome tan solo con mis recuerdos y aquel dvd de nuestra vida en común, nada había sido igual. Con ella había descubierto lo que era el amor, la pasión, la locura, la vida en definitiva y con ella también había descubierto el desamor, el dolor; sí, también la locura, en definitiva la vida.

La conocí de casualidad y fue ella quien tomó la iniciativa en su momento, nos habíamos conocido un verano y se despedía, a su manera,  a finales de otoño,  años después. Nunca había logrado conocerla del todo y tengo que admitir que la intermitencia de su carácter era un factor que me atraía sin remedio.

Mi vida no fue la misma desde que la conocí, solo podía darle las gracias por ello a pesar de todo el dolor, la soledad, que había acumulado en aquellos años. Eran más gratos los buenos recuerdos que se habían acumulado mientras estuvimos juntos.

Habían pasado cinco años desde aquel día que me desperté en una cama solitaria y pude ver aquel último recuerdo de nosotros en forma de imagen, con el sonido de la risa y la música que nos acompañó a ambos mientras éramos uno. Su nota de despedida.

Una llamada de teléfono. Y volvía a mi vida tal y como había entrado en ella; rompiendo la cicatriz que había formado y cualquier regla establecida, desde luego era típico de ella. El teléfono sonó como aquella primera vez y aunque en esta ocasión no me pillara dormido, tengo que admitir que al oír su voz la sensación fue la misma. Sonrió, no pidió disculpas, no dijo nada sobre lo sucedido, ella controlaba la situación y como aquella primera vez solo me pidió vernos. Como aquella primera vez, la invité a mi apartamento.

Volvía a abrirle la puerta, volvía  sonreír embobado ante su presencia allí, aún cinco años después, emanaba belleza y a pesar de lo que había pasado solo podía agradecer su vuelta. Ella sonrió y me pidió permiso para entrar. Siempre lo había hecho.

Le pregunté que había sucedido, porque había vuelto, pero ella encauzaba la conversación como siempre según le interesaba. Me dijo que lo sentía, pero que tuvo que irse y que no podía dar ninguna explicación, que siempre me había amado y que en aquel momento, que todo volvía  a ser normal, podía volver a mi lado. Nunca entendí esas palabras.

Pude preguntarle mil veces el porque, y las mil veces su respuesta era una sonrisa, ninguna respuesta mas allá de sus labios. Hablamos el resto de la noche, reímos como siempre, seguía queriendo a esa mujer a pesar de haber intentado olvidarla. Nos contamos cosas sobre el tiempo que no habíamos estado juntos, pero sabía que como siempre no me contaba todo.

Aquella noche que  volvíamos a encontrarnos, disfrutamos como cinco años atrás, era como si nada hubiera sucedido, como si de repente al darme la vuelta en vez de encontrar su nota, me hubiera encontrado con ella durmiendo plácidamente a mi lado después de haber hecho el amor durante toda la noche.

 Al despertar y darme la vuelta, pensé que todo había sido un sueño, pero no fue así; allí estaba ella desnuda, acaricié su espalda tímidamente recorriendo con mi mirada cada una de sus curvas; su respiración emitía paz, eso era lo que sentía. Abrió los ojos y me sonrió, me besó apasionadamente y volvimos  a hacer el amor disfrutando de nuestros cuerpos, ya agotados nos levantamos y fuimos a pasar el día el uno junto al otro.

Pasaron los años, años  en los cuales  dio tiempo a fijar aquellos planes que interrumpimos, tuvimos una hija preciosa que alegró aun mas si cabe nuestra vida. Fuimos felices todos aquellos años, ella siempre mantuvo el silencio sobre su pasado, nunca supe toda la verdad, pero no importaba estaba de nuevo conmigo. Habíamos formado una familia, los dos trabajábamos, ella desde casa por lo que pudo cuidar de Cristina, económicamente nos iba muy bien, permitiéndonos  una vida de comodidades que siempre disfrutamos en familia.

El tiempo a veces es un ladrón de momentos, nunca he logrado saber que ha sucedido y a pesar de haberlo intentado nunca he hallado nada que pudiera aclararme el motivo; ella arruga el entrecejo cuando se lo pregunto, pero al final acaba dándome un beso y riéndose, haciéndome rabiar, su risa al final me contagia como si fuera el primer día que la oigo, es como si el tiempo no pasara desde  aquella noche de verano en la que nos conocimos.

-  Un día, un día tal vez te lo cuente. Quizás algún día pueda contártelo todo.

Entonces me besa apasionadamente y se ríe. Que puedo hacer yo ante eso, solo puedo estrecharla entre mis brazos fuertemente y esperar que algún día, efectivamente, lo haga. Solo entonces; tal vez , si acaso importara, pueda comprenderlo todo.


Juan Luis Galán Olmedo

2 comentarios:

  1. Como te decía esta muy bien, pero todavía queda por desvelar lo mejor. Lo espero con impaciencia.
    Un beso
    La anónima, jajajaja

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  2. A ver si sacas ya encuentros y nos enteramos todos de lo que sucedio ese tiempo que no estuvo con él. Me gustó mucho hermanito, sigue escribiendo que aumque no te lo diga casi nunca, lo haces guay. Un besote grande

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