jueves, 29 de marzo de 2012

Crematorio

Estaba atado de pies y manos; las marcas de la soga, en el intento de huida, habían hecho mella en su cuerpo; las lágrimas ya se habían secado sobre su rostro, sus gritos habían sido ahogados por el trozo de cinta americana que tapaba sus labios.

Al abrirse el ataúd donde estaba encerrado y volver a ver la luz del día volvió a gritar y forcejear en un intento inútil por escapar. Volvió a ver a su torturador sonreír, siempre sonreía. A su lado un hombre que le resultaba familiar, sin saber porqué.

-Ya se acaba tu tiempo. Espero que hayas meditado bien sobre tu vida. - Dijo el exterminador sin desdibujar esa sonrisa de su rostro; mientras arrancaba la cinta que tapaba su boca. Da igual que grites.

-¡Hijo de puta!, ¡Voy a matarte!

- Veo que no has aprendido nada. No soy yo quien va a morir.- Se gira hacia su acompañante y le facilita una pistola que saca hábilmente de su costado. - Es su oportunidad de vengarse.

Sin previo aviso se oye un disparo, gritos de dolor del hermano; mientras su rodilla vuela por los aires. Se retuerce de dolor gritando hasta que pierde el sentido, nuevamente.

Vuelve a sucederse el ritual, 'El Exterminador' cauteriza la herida para que no muera desangrado y esperan a que recupere el sentido.

-Creo que ya es suficiente.

-Ya nada va a devolverme a mi hijo, pero al menos sé que quienes acabaron con su juventud han recibido su castigo. Gracias por permitirme vengarme en persona.

-No me dé las gracias. Le aseguro que no debe. Debería haberme dejado a mí y mantenerse al margen.

-No podía.

-Lo sé, ya me convenció una vez. Se arrepentirá, pero puedo entender sus motivos, su dolor. Ahora deberá vivir con ello. 

Esperan. En silencio, solo el leve crepitar de las llamas del horno crematorio rompe la espera al otro lado de la persiana de hierro cerrada. El ataúd colocado sobre el raíl esperando.

Al despertar gritos: de dolor, de rabia, de impotencia.

-Ha llegado el momento- Pulsa el botón que activa el mecanismo elevador de la persiana.

Los gritos siguen ahogando el sonido del fuego y sin dilación el padre pulsa el mecanismo que pone en marcha el raíl. - Mataste a mi hijo y a su novia. Ahora paga por ello. - Le tapa la boca con un trozo de cinta y ve alejarse mientras camina hacia el infierno.


No sabe que sucede, nota el movimiento; se sacude violentamente, desesperadamente en un intento de liberarse. No se percata de su destino hasta que comienza a sentir el calor en sus pies y de repente se da cuenta de que está sucediendo. Comienza a sentir quemarse vivo y comienzan los gritos, en el silencio de la sala, se intensifican. El dolor llega a ser tan insoportable que antes de morir entre las llamas, pierde el sentido por última vez.

Juan Luis Galán Olmedo



Participando de la iniciativa El Cuentacuentos



2 comentarios:

  1. Las venganzas...qué sería de las historias sin las venganzas? ;)

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  2. ¡Puf! ¡Cuánto rencor y crueldad! Me ha gustado ese toque tan sádico.

    Besotes.

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