domingo, 18 de marzo de 2012

Martirio

-       No estoy en peligro. Yo soy el peligro.
-       No estás en posición de amenazar, llevan demasiado tiempo buscándote y el Señor está deseando darte caza y degollarte como hace con sus presas, cada vez que sale de caza.


Salí de la casa sin despedirme de la Señora, estaba bastante cansado de huir, sabía que no podría aguantar mucho más. Lo que más me molestaba era que llevaba razón, tarde o temprano me encontraría. Había vuelto a encontrarme con ella tras mi huida, ella no sabía lo suficiente de mi para entender mis palabras, solo estaba intentando protegerme y yo a ella; por eso salí corriendo.

Fue cuestión de días, finalmente me encontró. El martirio fue público, le gustaba mostrar a sus súbditos el poder que sentía en cada una de las heridas que infligía.

El arresto se produjo de noche, mientras dormía; todos necesitamos descansar. Tras el derribo de la puerta, me apresaron entre cuatro guardias y recibí los primeros golpes; los primeros hematomas se sucedían en mi rostro, en mi torso. Me llevaron a rastras hasta los caballos, que esperaban a varios metros de allí y tras atarme a un carro, decidieron arrastrarme hasta el castillo donde el Señor esperaba.

Mi cuerpo sufría el dolor del camino, mi alma el tormento de la paciencia; no quería liberar a la bestia que llevaba dentro.

Nada más llegar, me llevaron al pie de las escaleras donde él estaba esperando. Aunque mi atención fue para ella, el origen de todo; la Señora lloraba mientras veía mi cuerpo semidesnudo cubierto de heridas.

Sentía el flujo de mi poder, de mi sangre recorrer mis venas; grité con todas mis fuerzas pidiendo clemencia. Él sólo reía. Yo sólo aguantaba mi alma.

Pasaron los días, permitió que todo aquel que quisiera golpearme lo hiciera, pasaron muchos, o eso me pareció a mí, hasta que ya nadie se presentaba ante mi cuerpo apaleado y no desquitaba su furia conmigo. Ella lloró las primeras horas, pero no hubo lágrimas para tan larga tortura.

El Señor bajaba todos los días a primera hora y veía el estado en que me encontraba; vi su duda al ver mi cuerpo resistir ante aquella situación; creo que con los días comencé a oler el miedo en sus ojos. Yo había logrado controlarme; pensé que ella ya no sufriría más calvario y eso ayudaba,  sabía que era mejor aguantar hasta que el tiempo le calmase.

A pesar de lo vivido era demasiado joven para entender lo que era capaz una persona de llegar  a hacer. Desgraciadamente no tardaría mucho en averiguarlo. Esa misma noche, ya habían pasado 12 lunas, decidieron preparar una barbacoa; comenzaron a apilar  maderos y comprendí que había decidido eliminar todo vestigio de su insomnio. Quería verme muerto y pensó que el fuego sería el modo más doloroso y más divertido para lograr descansar su alma. 

Veía los maderos a mi alrededor, la antorcha encendida a mi derecha y solo me quedaba esperar. Nunca pensé que se atreviera a hacer lo que segundos más tarde vería. Al verle aparecer junto a ella, amarradas sus muñecas; me hizo temer lo peor.

Él la lanzó hacia mí con desprecio, cayendo de rodillas junto a mi cuerpo. Sentía cada una de sus lágrimas como si fueran puñales sobre mí. Ataron la soga que anudaba sus manos a un poste frente a mí y comenzaron a torturarla, sus gritos no dudaron en torturarme; él,  disfrutaba viendo la escena de los latigazos marcando todo su cuerpo mientras me veía llorar y gritar de impotencia.

Encendieron la hoguera, comencé a sentir el calor de las primeras llamas al tiempo que daba la orden de desnudarla y ordenó a su guardia más próxima que disfrutara de ella. Ella gritaba,  desesperada, mientras las llamas crepitaban  por mi cuerpo hasta alcanzarme, empezando a quemarme vivo mientras; sus gritos de dolor, de impotencia; violada en la intimidad de su cuerpo, desfallecía.

-¡Te quiero! – Esas fueron sus últimas palabras antes de desplomarse.

La oí, él pensaba que ya estaba muerto, el fuego rodeaba mi cuerpo; sentía el olor de la piel quemada, pero mi dolor no lo provocaban las llamas. En el momento en que escuché esas palabras de sus labios, se liberó mi verdadera alma. 

Juan Luis Galán Olmedo





Participando de la iniciativa El Cuentacuentos




7 comentarios:

  1. Nos has contado la que podría ser la escena de una película y me ha gustado como lo has hecho. Un gusto pasar por tu casa de letras.

    Besotes.

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  2. Una historia de esas que hay que leer a pedacitos porque necesitas ir tomando aire. Impresionante relato cargado de dureza y crueldad que termina con una frase formidable: "En el momento en que escuché esas palabras de sus labios, se liberó mi verdadera alma". A veces esa es la fuerza de un "Te quiero"

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  3. Poderosa historia realmente, felicidades

    Saludos!

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  4. Podría aguantar todo dolor, morir era indiferente, huir no tenía sentido, porque su existencia estaba lejos de su cuerpo. El torturador no le preocupaba, tan solo que sufriera ella. Y ella lo liberó.

    Saludos!

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  5. Por algún motivo, intuyo que sabremos más. Lo espero impaciente.

    Buen relato, un saludo.

    Aarón

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  6. Estoy con Aarón, esta historia merece una continuación. Aunque tengo que reconocer que la frase final es magnífica ;)

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  7. Y si hay continuación, clama venganza en cada párrafo... Espero saber más.

    Besines de todos los sabores y abrazos de todos los colores.

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