domingo, 20 de mayo de 2012

Otro mundo

- En el mundo del que yo vengo no existe la vida. Ha sido eliminada de raíz en un acto de locura de un falso protector. Soy la última. Conmigo se perderá el material genético de una especie extinta.

Su figura era la de una diosa, Venus encarnada, irradiaba sexualidad, sensualidad por cada uno de sus poros. El agua resbalaba acariciando toda su figura.

Me percaté de su presencia al levantarme aquella mañana y encontrarme que había alguien jugando en la piscina. Al gritar, se giró y salió del agua.

Ya estaba al borde cuando le pregunté: -¿Qué haces? ¿De dónde vienes? - Comenzó a hablar  sobre su mundo. Y pensé que estaba loca. Era increíble observarla.

- ¿Que mundo es este?

- La Tierra.

-Te ha cambiado el color de la cara. – Me dijo, mientras notaba como mi rojez iba en aumento.

- Si quieres ropa, puedo dejarte algo. Podrías taparte. – Sentía que me observaba con un gesto de curiosidad.

- No te entiendo, ¿ropa?

Le señalé lo que llevaba puesto yo encima. Curiosa se acercó y comenzó a examinarla. Noté su olor y volví a avergonzarme. Tiró de la camisa comprobando con sorpresa que no era mi piel, hizo el mismo gesto con los pantalones.

-¿Por qué te tapas? – me preguntó.

- En la tierra solemos ir tapados. – Notaba que mi respuesta no era suficiente para ella.

Comenzó a oler mi pelo, el resto de mi cuerpo. En otra situación me hubiera violentado, pero era excitación lo que sentía. Ver como danzaba a mí alrededor y observaba curiosa y pensativa mientras seguía oliendo y tocando.  Ver sus pechos balancearse frente a mí, la presión de sus manos sobre los míos, sobre mi trasero. Ver el suyo. 

Por accidente, no sé si esto último es verdad, mis manos rozaron sus senos. Ella reaccionó, por suerte para mí, no permitiendo que retirara mis manos y las acercó a ella. No pude evitar aceptar la invitación, sería mi primera vez.

Comencé a deshacerme de la ropa, ella intentaba ayudarme. Mientras nuestras manos recorrían el cuerpo del otro intentando hacer un mapa de cada centímetro de piel.

Finalmente, completamente desnudos, nos fundimos al borde de la piscina. Saboreé sus labios, y descubrí el sabor de su piel, el sabor de su sexo. Ella hizo lo propio conmigo, éxtasis era el nombre de nuestra siguiente parada y no se haría esperar. Cuando nuestros sexos entraron en contacto comenzamos a gemir de placer. Nos habíamos entregado  por completo a la lujuria, llegando a ser  aún mayor cuando nuestros cuerpos llegaron a su límite. 

No sería la única vez, esa mañana, que acabáramos disfrutando de nosotros; de hecho, así transcurrió aquel día. Es posible que todas las estancias de la casa acabaran conociéndome a mí y  a ese ser de otro mundo de la manera más íntima. 

Dos semanas después, el test de embarazo nos confirmaba la buena noticia. Su estirpe no desaparecería con ella. Me había quedado embarazada.


Juan Luis Galán Olmedo





Participando de la iniciativa El Cuentacuentos

2 comentarios:

  1. Muy bueno, me ha gustado la sensualidad que tiene el texto. saludos.

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  2. Me alegro, esa era una de las pretensiones. Es bueno saber que se lee lo que uno quiere transmitir :-).

    Saludos.

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