domingo, 10 de junio de 2012

Horas extra


<<Es soledad, ese es el olor que invade la estancia. Da igual que puerta abra, sólo hay vacío y silencio en su interior.>>

He llegado temprano a la oficina, es domingo y me toca guardia. Llamo al timbre, tras la comprobación de credenciales, me abren la puerta del garaje. Aparco lo más cerca de la entrada al hall. Las únicas luces son las que mi coche proyectan, el resto es solo oscuridad.

Todo esta libre, así que no hay problema. No es un día normal sin duda. Saco el móvil para poder ver algo en la oscuridad del garaje, apago las luces y voy corriendo hacía las puertas. Es una tontería, pero no puedo evitar pensar en situaciones que me provocan miedo. La oscuridad, imagino, propicia esa simágenes en mi cabeza.

En cuanto abro la puerta, luz natural, el hall de cristal y el sol en el exterior modifican la escena. Guardo el móvil, me queda poca batería y prefiero reservarla. Paso la tarjeta por el torno y paso. No parece haber llegado nadie del equipo. Subo en el ascensor a mi planta y me dirijo a la sala que se indicó.

Sentir el vacío en las oficinas causa sensación. Es lógico, a nadie se le ocurre venir un domingo a trabajar <<Sólo a nosotros.>> y menos a horas tan tempranas. El sueño hace peso en el ánimo.

Se respira soledad, es lo que pensaba al llegar. Mientras recorría la oficina,abría las puertas de algunas salas. Silencio.

Tras esperar media hora y ver que ninguno había llegado aún, decido tomarme un café de maquina mientras continuo la espera.

Entonces escucho, por primera vez, algo dentro del baño –En ocasiones la curiosidad no es el mejor aliado-. Abro lentamente la puerta. <<Dios mío>>pienso. Aterrado veo a la muerte disfrutar de su labor a través de las manos de... Giramos al tiempo. Eso creo yo.

Toda la precaución tomada para no hacer ruido se va al traste por el chirriar de la puerta al retroceder sobre mí. Comienzo a correr por el pasillo de la oficina,pienso que la ventaja es suficiente; quizás no me persiga, quizás se haya quedado con su presa. Quizás.

Giro la vista y comienzo a temer por mi aliento, me he equivocado. Me está  alcanzando.

Instintivamente agarro el teclado de la mesa más cercana y me giro golpeando al aire, tengo suerte e impacto sobre la dentellada a punto de alcanzarme. La sangre empapa mi rostro, la arcada que me viene quiere escapar de mí al sentir el olor nauseabundo que desprende, pero es más importante saber si aquella cosa esta dispuestaa levantarse.

No espero para comprobarlo, rápidamente levanto un monitor que hay a mano y comienzo a golpearle el rostro a aquella masa sanguinolenta en la que esta convirtiéndose golpe tras golpe. El arma improvisada se descompone a la misma velocidad que aquello a lo que golpeo. Al menos no parece seguir con vida ¿Tenía vida?

Cuando termino de descargar la adrenalina del momento, ya no queda ningún rastro de la criatura con los ojos inyectados en sangre que me perseguía momentos antes. Caigo rendido sobre la mesa. No puedo evitar llorar.

Pasan algunos minutos, la luz entra con fuerza por la vidriera del edificio. El cadáver de ese “monstruo” es iluminado con especial énfasis, cómo si fuera a resucitar. Ya más calmado, decido llamar a la policía, utilizo el móvil y descubro que no tengo batería <<Mierda de móviles modernos, tenía que haberlo cargado por la noche, no duran un telediario.>> pienso mientras descuelgo uno de los fijos que hay a mí alrededor y marco al exterior. No da señal<<Pero que cojones…>>

Me siento aún más solo, no puedo hablar con nadie sobre lo que acaba de pasar y encima pienso si no me considerarían un loco. Tengo que ir a la planta baja a encontrarme con el guardia que me dio acceso al edificio. <<Volveré al coche y…>>, cuando de repente noto una desagradable sensación de humedad en la parte posterior de mi cabeza antes de entender que es la sangre que se derrama de mi interior tras el impacto de un objeto contundente contra mi cráneo. Según caigo veo mi último pensamiento <<Sigue con vida y soy su almuerzo>>.

Juan Luis Galán Olmedo


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