viernes, 6 de julio de 2012

Desahogando

Las lágrimas salieron corriendo, no les dio tiempo a despedirse de él. Tantos días desde que llegarán a brotar de sus ojos y así, deprisa, se marcharon. 

Habían sido unos meses duros para él, la muerte de sus padres; el despido en su trabajo, su mujer marchándose de su lado, sin ningún argumento que le hiciera entender el motivo; aún te quiero le había dicho al despedirse. 

Lo recordaría durante el resto de su vida porque es imposible olvidar la última vez que ves a tu hija. El avión en el que huía con su madre, hacía otra tierra, caía en el océano. 

Fueron meses duros en los que las lágrimas eran el único consuelo para cada uno de los sucesos de su vida. Recuerdos en su cabeza, frágil condición de ser humano, desesperanza ante el recuerdo de lo más querido.

Sé cerró en su llanto, caja fuerte inexpugnable ni por aquellos amigos y familiares que quisieron ayudarle. Por momentos llegó a estar más cerca de la muerte que de la vida, ya que quedarse atrapado en sus recuerdos le hacía estar más cerca de lo primero día a día.

Aquellas lágrimas recuerdan el primer momento en que quisieron ser apartadas y entendieron que ya no les quedaba mucho tiempo.  Habían desahogado el alma de su dueño y el mundo le había ofrecido una esperanza que creía haber apagado; otro recuerdo a través de una mirada, de una sonrisa que de nuevo encendió una llama.

Su trabajo estaba hecho. 


Juan Luis Galán Olmedo

Participando de la iniciativa El Cuentacuentos

No hay comentarios:

Publicar un comentario