miércoles, 27 de febrero de 2013

Duda real

Al fin pude encajar las piezas. Eso es lo que me hubiera gustado. Aquella noche había disfrutado de una de las veladas más inolvidables de mi vida. De hecho no pude dormir pensando en si volvería a ver a aquella preciosidad. El recuerdo de aquel dulzor en mis labios al rozar los suyos no desaparece tan fácilmente. Desgraciadamente ella salió corriendo y no puedo ir besando a todas las damas del reino una por una hasta volver a identificar aquel sabor.  

Los zapatos de cristal, poder probar aquellos zapatos preciosos que me enseñó durante una de las pausas del baile hubiera sido una manera de encontrarla, no creo que aquellos delicados zapatos le valiera nada más que a ella, pero el robo de zapatos que se produjo durante la última parte del baile esfumó esa posibilidad. 

La he buscado, pero no ha habido manera humana de conseguir encontrarla. Con el paso de los meses mis obligaciones me han llevado a tomar la decisión que voy a ejecutar en unas pocas horas. Es una buena mujer; quizás un poco soberbia pero con buen fondo. Casi no me caso con ella por culpa de su madre y su hermana (No terminan de caerme bien), pero uno no se casa con la familia al fin y al cabo. Curiosamente con quien si me llevo bastante bien es con su criada, no se porqué pero me transmite buenas vibraciones. En alguna ocasión la he descubierto mirándome más tiempo de lo permitido, pero en su caso nunca me ha importado. Una lástima que sea una simple sirvienta, seguramente debajo de la mugre se esconde una bonita muchacha. 

Hijo, ¿estas preparado?

Deja la pluma sobre la mesa, distraído sobre las palabras que acaba de escribir en su diario vuelve a escuchar nuevamente la voz del rey a sus espaldas. 

Hijo, ¿estas preparado?
Padre, ¿dejará de hacerme esa pregunta tras contraer matrimonio?
Perdona, sé que soy muy pesado. dice mientras le pone su mano sobre el hombro.
No pasa nada, padre. 

Por un momento parece que van a darse un abrazo, pero ambos retroceden ante esa posibilidad; carraspean y en silencio se dirigen a lo largo del pasillo a la puerta que da acceso al patio de armas donde todos los invitados esperan a que la novia haga su aparición. Esta no sucederá mientras él no se coloque en su marca a la espera de ver llegar a su futura mujer. 

En el camino reconoce algunos rostros; ve  a su futura suegra, la horrible sonrisa de su segunda hija, se sorprende intentando descubrir entre ellas a la sirvienta, pero imagina que no habrán permitido que estuviera. Cuando se presenta frente al pasillo central, convenientemente creado para la ocasión, y mientras este avanza por el mismo, el ruido de sables formando una cúpula a su paso levanta la expectación en los invitados que están allí presentes. Él espera. Ella se hace esperar.

La novia surge al fondo, invisible, oculta bajo un velo. Incapaz de ver su rostro, él se evade imaginando un rostro que no va a ver. No puede hacer nada, es su deber. Cuando recupera el sentido de la realidad es cuando se percata de la figura que va detrás, recogiendo tela, la de un velo infinito que la novia intenta arrastrar. No le ve la cara, sonríe, aunque sabe que es la plebeya. Al llegar a su altura, la novia le mira y él no puede dejar de desviar su mirada hacía la otra. Se ve descubierto, pero nadie hace nada; nada ha pasado si nadie dice nada. Él recupera la compostura y actúa a pesar de que su cabeza solo acompaña a la imagen de un recuerdo que no logra salir a la luz. Se sorprende recordando a la sirvienta <<¿por qué me ha llamado tanto la atención?>>, <<ojalá las piezas hubieran encajado>>, <<...>>; sigue  pensando mientras escucha el murmullo del sacerdote dando comienzo a la ceremonia. 


Juan Luis Galán Olmedo

Participando en la iniciativa: El CuentaCuentos





Si te gustó, ayúdame a promocionar Utopía de sueños haciendo click en el botón (Sólo enlace, no descarga).

6 comentarios:

  1. Hay que pararla!!! No puedo permanecer sin hacer nada mientras se comete tal crimen, porque seguro que ha mordido la manzana!!!

    Eres cruel con tal final, pero si pensabas que llegados hasta aquí íba a comentar y marchanos te equivocas, porque pienso esperar a que escribas la continuación!!! :-)

    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y vendrá, tiene que acabar. A ver que decide el principe.

      Un abrazo

      Eliminar
  2. Esto es una historia pero ¿cuántas veces pasa algo parecido en la vida real? Muchas personas se casan equivocadamente cuando en realidad no es lo que les gustaría hacer...

    Da para reflexionar y para pensar bastante.

    Me gustó, buen trabajo señor.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegra que te gustara, espero que al final la elección sea justa; con él y con el resto. A ver que trae al final este relato en entregas.

      Un saludo.

      Eliminar
  3. Anda! menos mal que no me he perdido la segunda parte! sino no me lo hubiera perdonado! gran final, pero al fin y al cabo él era el principe no? no podía cambiar las reglas aunque solo fuera por una vez? ;)
    bessos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Casi te lo pierdes ;-p
      Habrá que ver si es el final ¿no? A veces nuestra posición en la vida no es la última palabra. En otras muchas sí. ;-)

      Besos

      Eliminar