viernes, 12 de abril de 2013

Océanos temporales

He recorrido océanos de tiempo para encontrarte y poder estar contigo a pesar de que ya no me queda más que un halo de vida. 

Te he buscado tanto, te he echado de menos en tantas ocasiones. Te  he tenido que ver marchar más veces de las que mi corazón ha soportado. No sé si tú me has buscado, pero siempre nos hemos acabado encontrando. Y solo en esta ocasión el tiempo me ha correspondido, justo cuando ya no es tiempo lo que tengo. 

Aquel primer viaje supuso un hito para todos los que formábamos parte del equipo, tras años de investigación habíamos conseguido dar con la manera de recorrer las ondas temporales, siempre las hemos comparado con las olas del mar, que nos permitían plantearnos la posibilidad de navegar a través del tiempo.
Como fuente de financiación única del proyecto quise ser yo quien corriera el riesgo y experimentar la aventura, al fin y al cabo para eso me embarqué en esto desde el día en que conociera al Profesor.

Aún tengo grabado a fuego el vuelco que me dio el corazón al verte aquella tarde entrando en aquel portal, fueron tus ojos los responsables de mi desvelo. Cuando volví a encontrarme con mi equipo -aquel salto fue de unas pocas horas-; ellos únicamente deseaban que les contara que había sentido, más allá de la información que los sensores les arrojaran. Ahora que lo pienso,es curioso; dio igual que viajara 101 años, la ansiedad del viaje, de recopilar datos... fue tu sonrisa la única imagen que recordaba.

Tras aquel primer salto temporal, quise volver cuanto antes y ahí me dieron la primera mala noticia. De alguna manera que aún no hemos podido solventar en estos pocos años, no podemos coger  una ola temporal cualquiera. Por alguna razón estamos realizando viajes en rangos aproximados de 10 años. Eso sólo lo supimos al realizar aquel segundo salto. 

Esa travesía duró un año. Eso fue lo que acordé con el equipo, de hecho la vuelta fue programada en el marcador de la muñeca -Además de servir para marcar al viajero, servía como dispositivo de seguridad: imposible de re-programar fuera de su tiempo, imposible de quitar sin perder la mano y con encendido automático programado- (debí de haberme callado el día que propuse su implantación). Mi temor, mi miedo, se redujo a no encontrarte. Nada más llegar, comprobé el año en que me encontraba, 2022. Mayo para ser exactos. A finales de octubre  te encontré, ¿recuerdas aquel primer día en el café? ¿tu trigésimo cumpleaños en París?  Yo sí, aunque me quedo con la 'taquicardia' que me entró al sentir por primera vez tus labios, Lis.

Lamento haber sido un cobarde y no haberte contado en aquel momento que, un día cualquiera, iba a desaparecer. Me carcomía por dentro, pero (fui un egoísta)  quise disfrutar contigo del poco tiempo que disponía. 

A la vuelta de mi segundo viaje, intenté encontrar datos de tu existencia pero no encontré nunca nada más allá del año 2032. Por suerte eso me permitió realizar un tercer viaje que me permitiera volverte a ver y poder contártelo todo, pero al final he sido un cobarde porque si estas leyendo estas líneas, significa que no me atreví a decírtelo en persona y  estas leyendo esta carta. 

Este año ambos cumplimos 40, aunque yo lo haré 83 años más tarde. Desgraciadamente tengo poco más que hasta mañana a las 7:00 a.m. para hacerte llegar esta carta, justo hoy. Desapareceré para siempre de tu tiempo, será mi última navegación. Un tercer  y último viaje antes de regresar a mi época y vivir mis últimas cuatro semanas de vida. 

Jugué con el tiempo y se ha cobrado su precio. Descubrimos muy tarde los perjudiciales efectos que conllevaban sobre la salud los viajes temporales. Aunque aún no haya nacido; no me he ido, sigo a tu lado. Te quiero.

Tuyo a través del tiempo. 

Marc

Sábado, 14 de febrero. Año 2032

¿Quién te ha entregado esta carta? –le dice a su secretaria, que espera con paciencia, nada más terminar de releerla con cara de perplejidad. 

Me la ha dado la chica que esta esperando en la sala.

De detrás de la mesa de su despacho, con la cara desencajada, se dirige rápidamente al hall; tras ella una mujer de espaldas desaparece por el pasillo y él le grita:

¡¿De dónde ha sacado esta carta?!

Al escucharle, ella se gira mientras de sus labios surgen unos recuerdos no vividos.

Mi madre me la dejó en herencia hace 40 años, acabo de poder hacerla efectiva, este día que cumplo esos mismos años. Ella, lo quiso así. 

Felicidades dice perplejo con un tímido hilo de voz.

Gracias. También me dio esta foto mía, junto a mi abuela y mi madre, poco después de nacer. le dice mientras le hace entrega de la foto. 

En el reverso reconoce unas palabras manuscritas: 


Tuvimos una hija maravillosa y una preciosa nieta. Tuya a través del tiempo.
Lis. 


Juan Luis Galán Olmedo

Participando en la iniciativa: El CuentaCuentos


Antología La Otra Realidad

V Concurso de relatos Fórum Montefrío



4 comentarios:

  1. Fascina que entre tanto poder de la ciencia, tal demostración tecnológica, una carta sea el único medio capaz de vencer al tiempo y sobrevivir a sus efectos, tan mortales en los humanos.

    Una carta, y el amor también.

    Me encantó el relato Juan Luis, un abrazo!

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    1. Y por suerte estaba esa posibilidad porque sino nunca hubieran sabido el uno del otro.

      Me alegra que te gustara Carlos, yo también estoy contento con el resultado, un abrazo.

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  2. Se me han puesto los pelos de punta, el amor mueve montañas y océanos de tiempo, muy bien descrito, muy bien hilado, sentimientos a flor de piel y de tiempo

    bessos!

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    1. Un piropazo esos pelos de punta. Gracias, me alegra saber que lo disfrutaste.

      Besos.

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