martes, 2 de julio de 2013

Luna de verano

"A través de las nubes, allí hay un atajo que te lleva a la luna de verano."

Aún recuerdo aquellas palabras de mi abuelo en las últimas tardes en las que le visité. Nunca supe si las decía de manera lúcida o no, aunque yo mismo estaba con él cuando decidió tomar aquel atajo. Sé que lo hizo en ese instante porque sus manos aún me apretaban mientras sus ojos miraban en paz a la nada, seguro que ya viajaba hacía allí en aquel momento.

Me acuerdo de habernos quedado dormidos; él en su sillón rojo, ya roído y en el que aún de milagro se adivinaba el color original. Siempre le dije que porque no lo arreglaba, él siempre decía que no estaba estropeado, solo era viejo y añadía a la frase, siempre al final, un sibilino: como yo. Sabía que así me desarmaba ¿Qué podía rebatirle entonces? No podía y lo sabía, una sonrisa triunfal le delataba. Yo también acababa sonriendo y me encogía de hombros mientras continuaba con sus manos cogidas a las mías. Hacía mucho tiempo que él sabía que él solo era por momentos y quizás por eso tomó la costumbre de cogerme de la mano, me dijo que así tendría alguna manera de saber como regresar. 

Cada vez pasaba más tiempo hasta su vuelta y cada vez que lo hacía, lo hacía por menos tiempo. Él se agarraba a mí cada vez con más fuerza, aferrándose mientras podía a lo único que recordaba, pero aquel día fue el último que lo hizo. Se había ido, definitivamente, a  través de las nubes. ¿Tristeza? En realidad no es esa la palabra. No negaré que derramé algunas pequeñas lágrimas, como las que ahora recorren mis mejillas, pero la consciencia de que volvía a ser él  me ayudó a estar libre de la carga de sentirme triste. Le echo de menos, sin duda, pero sé que esta donde deseaba estar y aunque aún no sé como llegar hasta él creo que no habrá mejor lugar en este mundo que este. 

Todos conocéis  lo mucho que mi abuelo amaba los libros y creo que continuar con su trabajo es una buena manera de rendirle homenaje. Al fin y al cabo mi padre siempre me cuenta que gracias a los libros pude ser la realidad que conocéis.  Hoy tengo la oportunidad de  volver a abrir el sueño y el trabajo de toda una vida dedicada a las letras, pero ¿qué nombre podría definir, aún  mejor, a este nuevo proyecto?

Sancho en ese momento deja de leer el papel donde llevaba anotadas aquellas palabras y retira la sábana roja que cubre el cartel del local. En ese instante se descubre un inmenso letrero donde, entre nubes ilustradas, se puede vislumbrar el nombre de la renovada librería: Luna de verano. 


Juan Luis Galán Olmedo

Participando en la iniciativa: El CuentaCuentos
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