jueves, 11 de julio de 2013

Viajes temporales

Viajaba en el tiempo constantemente, desde que comenzara a tener recuerdos, hacía continuos desplazamientos al pasado. Cuando empecé a ser consciente de mi misma descubrí algo mucho más estimulante, descubrí los sueños y sin quererlo comprobé que también podía trasladarme al futuro.

Cuando viajaba al pasado era curioso contemplar siempre los mismos escenarios, los mismos rostros, ¿las mismas historias? En realidad, lo mejor de esos retornos era la posibilidad de abrir nuevos caminos ¿Qué habría sucedido si…? No puedes imaginarte la cantidad de cambios que se producen en una vida si cambias, por ejemplo, el color del vestido que te hubieras puesto aquel día.

Sin embargo, da igual lo que imaginara que podía ser, siempre acababa retornando al mismo punto con melancolía y la misma pregunta en mi cabeza ¿Y si? Es como si una carretera se bifurcara en infinitos carriles para desembocar en el mismo punto de partida del que quería escapar.

Aun pudiendo viajar hacia atrás y hacia delante a voluntad; siempre había preferido refugiarme en los recuerdos del pasado por cercanos y certeros. De adolescente, con tu edad, había viajado demasiado al futuro: sueños, incertidumbres, viajes que nunca se concretaron en hechos. Comencé a tenerle miedo, la pregunta siempre era ¿Y si nunca consigues alcanzarlo?
De esa manera vagué por el presente recordando el pasado y temiendo el futuro.

Todo cambió aquel día. Sin ser consciente del motivo comencé a soñar más, cada viaje era una tentativa por construir algo mejor. Comencé a darme cuenta de aquellas acciones presentes tan distantes de aquellas futuras. A cada viaje deseaba convertirme, cada vez más, en aquella persona que soñaba. Sin proponérmelo un día cualquiera, de un presente cualquiera hice aquello que soñé. Ese acto hizo que el presente y el futuro conectaran. Es curioso que no fuera hasta meses después cuando, sin previo aviso, me descubrí en uno de tantos viajes al pasado y de repente recordando aquella escena no quise que cambiara nada. Nunca me había pasado en todos aquellos años, solo quise recordarlo y mantenerlo tal y como fue. Todo cambió aquel día. Desde entonces se produjo un cambio en mí que poco a poco afectó a todas las parcelas de mi vida, los viajes temporales cada vez eran menos frecuentes, la melancolía desapareció del recuerdo. De repente fue el presente el que ocupaba toda mi existencia.

¿Y cómo lo conseguiste?

Creo que fue cuando me di cuenta de que el futuro que soñaba llegaba y era el pasado que quería, en ese momento decidí disfrutar de la vida y tan sólo necesitaba un futuro con el que soñar y por el que luchar con todas mis fuerzas para hacerlo realidad.

¿Y si no se cumplía?

Lo curioso es que daba igual; me ha pasado en estos años que a pesar de dejar sueños en el camino, sigo sin necesidad de volver a viajar constantemente. Es como si valiera, simplemente, luchar por ellos. De repente el presente se llena, no queda tiempo para más.

Mamá, ¿Qué pasó aquel día?

La niña mira a su madre con expectación mientras esta le da un beso y le dice al retirarse.

Por eso nunca dejes de tener sueños y luchar por ellos.

¡Mamá!, ¡no me has contestado!

La madre sonríe y al apagar la luz dice en un susurro audible en el silencio de la noche.

Naciste.
Juan Luis Galán Olmedo
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