domingo, 3 de noviembre de 2013

CAPÍTULO 5 -NOVELA-

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Al día siguiente, de su visita al psicólogo, Jesús estaba ocioso en clase, dejando pasar el día. Eva no había aparecido por clase y se notaba  su ausencia; él la notaba. Por algún motivo que no llegaba a entender, se sentía incómodo. La sensación de que algo no iba bien el atenazaba y le impedía disfrutar del día. Estaban a punto de empezar la clase del Zampa  cuando el decano llamó a la puerta e hizo que este saliera para hablar con él. Se veía como hablaban en privado en el pasillo. El tono en la clase comenzó a elevarse.
Al volver a entrar, el profesor, atrapado por una losa de granito, pidió silencio. Cuando por fin lo consiguió:

Chicos, os debo de dar una triste noticia. Vuestra compañera, Eva, sufrió un accidente de tráfico ayer por la noche; fue atropellada por un conductor ebrio y está en el hospital en estado muy grave.  Jesús palideció, sin capacidad de reacción,  negaba con la cabeza y comenzó a recordar la tarde del día anterior cuando regresaba del castillo:

El taxi le había dejado al comienzo del paseo marítimo, justo cuando caminaba la última parte del trayecto camino a casa. En ese momento sintió  el tímido golpeteo de un dedo en el hombro. Incómodo se giró para conocer a su agresor encontrándose con la perturbadora sonrisa de Eva.

Llevo llamándote desde el quiosco, ya todos por aquí deben de saber tu nombre.

Mientras no se te olvide a ti le dijo mientras sonreía.
Jesús se giró antes de que ella se diera cuenta de que su tez empezaba a hervir. Ella sonrojada se enfadó y le propinó un empujón.

¡Que te estoy hablando!
Cuando él se giró de nuevo, ambos se entendieron, cambiando de tema inmediatamente.

¿A dónde vas?

A casa

Te acompaño comentó ella mientras se ponía a su altura.

No tengo opción ¿verdad? dijo él deseando estar en lo cierto.

¡Capullo! salió de sus labios mientras le señalaba con la punta de su lengua y golpeaba al muchacho en el hombro con un leve contacto. Jesús sonrió. Comenzaron a caminar juntos por el paseo marítimo.

¿Qué tal te encuentras, Jesús?

Bien, ¿por qué lo preguntas?

Chico, porque pareces otro.

¿Si? A peor imagino.

¿Por qué dices eso? ¡No! De hecho al contrario. Y eso es bueno ¿no?

Uhmmm, no sé, quizás, cosas mías, ya sabes. dice mientras sonríe.

Cómo que quizás, seguro que sí. ¿Por qué dices que a peor?

Desde que salí del hospital no dejo de meterme en líos y mis padres no están muy contentos.

Lo de tus padres, lo puedo entender. La verdad es que ese día la liaste. ¿En qué estabas pensando? 

Paró un momento de caminar mientras meditaba una respuesta y mirándola a los ojos le dijo:

En realidad, aquel día sólo pensé en mí.

Puede ser, carraspeó Eva sin saber que decirle lo que está claro es que estás distinto desde que saliste del hospital. El capullo del otro día... le dijo mientras intentaba entender  lo que Jesús le había dicho un minuto antes.

Querrás decir el capullo de siempre le interrumpió.

Sí, vale, el capullo de siempre, va diciendo de ti que creía que le matabas. Qué parecías una bestia. Está muy asustado.

Pues sí que han cambiado las cosas, era yo quien le tenía pavor a él y sus amigotes. ¿De verdad crees que le hubiera matado?

—¡No!, pero es verdad que de ser su objetivo has pasado a ser su pesadilla. Y encima ya no tienes tanto miedo a acercarte a las chicas le dijo mientras hacía notar el contacto de su mano con la suya.

El apartó la mano tímidamente y se alejó el tiempo que como un imán volvía a ser atraído al lado de su polo opuesto mientras continuaban hablando.

No sé qué puedo decirte, no puedo explicar el motivo a ciencia cierta; la sensación que tengo es que estoy despertándome aún de una vida que no era la mía, como si aquel no fuera yo. No sé si me entiendes.

No, pero ¡me gustas más así! le dijo mientras le sonreía y le cogía la mano que ya volvía a tener al alcance.

Ambos sonrieron y continuaron hablando hasta llegar a la altura de la torre.

Me voy a quedar un rato, no me apetece encerrarme en casa.

Yo me tengo que ir, mi madre me espera, quiere que vayamos de compras juntas.

Qué envidia me das.

¿Por?

Por saber quiénes son tus padres biológicos.

Eva comenzó a reír sin poder parar ante la sorpresa de Jesús que no sabía que había dicho que pusiera ser tan gracioso.

Al final va a ser que no has cambiado tanto, sigues sin enterarte de nada.

¿Por qué dices eso?

El día de la prueba de sangre, en clase, ¿recuerdas que no la hice? le dijo bajo el efecto de un suspiro previo.

Sí, me acuerdo de aquello.

Te lo iba a contar cuando saliste de clase aquel día, pero ¿Por qué crees que no salí

Se produjo una pausa mientras se acercaba a él ¡Porque soy adoptada! le susurró al oído mientras le daba una colleja y se marchaba ante la perplejidad de Jesús.



Juan Luis Galán Olmedo

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