domingo, 24 de noviembre de 2013

CAPÍTULO 7 -NOVELA-

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El sonido estridente de la alerta había hecho saltar por los aires los sueños de Márquez. Si no hubiera sido por los rápidos reflejos y la ‘mala’ costumbre adquirida ante los peligros del campo de batalla, hubiera acabado apreciando el sabor del suelo de la sala.

Inmediatamente pulsó sobre la superficie del mapa, en la zona en alerta, y los datos en pantalla comenzaron a indicarle que existía una brecha de seguridad en uno de los nuevos sistemas del sector alpha. Comenzó a operar sobre el terminal intentado que HAL, el nombre que le habían dado a la inteligencia artificial, hiciera su trabajo y le pudiera indicar con mayor detalle donde y por qué exactamente había interrumpido su descanso. Diez minutos y el maldito androide, como él lo llamaba, cumplía su función. La única información clara era el origen de la misma: Hospital Virgen de la Esperanza.

Aún a sabiendas de lo que iba a implicar, descolgó el terminal con línea privada al despacho que presidía el rascacielos. 
 
Señora, tenemos una alerta en alpha
 
¿¡Una brecha!?

Sí, en un primer análisis diría que sí. Una ejecución de un código no autorizado. No puedo saber más desde aquí.

¡A qué esperas entonces! Mantenme puntualmente informada. 
 
Estaba empezando a sentirse asqueado de finalizar todas las comunicaciones con ese característico sonido. Inmediatamente realizó una llamada a José Cruz, el dueño de la empresa que controlaba los sistemas de la red de hospitales, pero tras varios intentos tuvo que conformarse con dejar un contestador. Tenía que acelerar el proceso de auditoría al hilo de los hechos. <<Si no consigo contactar con él durante el vuelo toda va a ir más lento>> pensaba mientras avisaba a su compañero. 
 
¿Karen? 
 
Sí, ¿quién es?
Soy Márquez. ¿Está Marc?, necesito hablar con él. 
 
Sí, ahora se pone, espera.

No, no cuelgues; por cierto, ahora que hablo contigo. ¿Podríais quedaros con Andrea durante unos días?

Dirás quedarme ¿no? —con un tono que presagiaba lo que implicaba esa solicitud. 
 
Sí, bueno. Ya sabes, cosas del trabajo. 
 
En fin —con voz de resignación —te paso con Marc. 
 
Por la cara que pone mi mujer, no me va a gustar. 
 
Hola Marc, ha habido una brecha en la seguridad en alpha, ya sabes.

¡Joder! Ok. Ahora voy hacía allí.

Yo tengo que ir a por Andrea y luego tomo rumbo.
Vale, aquí estará bien. No te preocupes. 
Gracias, vamos hablando.
Al colgar notó una extraña sensación en el estómago. Sabía que no podía negarse, pero hacía tan solo unos meses que habían diagnosticado de cáncer a su única hija y no deseaba por nada del mundo separarse de ella. Desde la muerte de su mujer se había volcado con la niña y poco después en una visita rutinaria al hospital tras unos días con algo de fiebre y dolor le habían dado la sentencia. Si no fuera porque los médicos y enfermeras que ponía a su disposición la corporación fueran los mejores especialistas del mundo hubiera mandado a la mierda el empleo. Falta de ganas no le faltaban en algunos momentos; aunque a veces dudaba de si eso sería posible algún día.

Activó el sistema de monitorización externa antes de salir de la sala de seguridad. De esa manera cualquier situación anómala que se produjera le daría aviso inmediato a los dos responsables de seguridad y protección de la corporación. Si al abandonar el perímetro de la corporación Márquez hubiera mirado por el retrovisor y prestado atención al dejar atrás la garita de entrada hubiera observado como Daniela le despedía simulando un disparo. <<Ha llegado el momento>>, pensó ella. Al volver su compañero del aseo, ella fue a tomarse su habitual descanso. En la habitación anexa tenía todo lo necesario para ello. Disponía de quince minutos en los que debía de operar con rapidez. Se dirigió a la taquilla y abrió la cremallera de la bolsa. Donde normalmente se ubicaría la comida llevaba varios artefactos explosivos compuestos de C4, con un percutor a distancia cada uno de ellos. Una llamada y aquella estancia dejaría de existir. 
 
Activó uno de los dispositivos, el más grande y se dispuso a disfrutar del yogurt mientras recordaba su paso por la EOD e imaginaba lo que sucedería a continuación.


-


Eva no se encontraba despierta cuando llegó a la habitación. Había sido subida a planta aquella misma tarde.

—¿Señora García?

—Llámeme Eva, doctor. 
 
—Perdone. Deseaba comentarle el motivo de subir a planta a su hija. 
 
—Sí, me ha sorprendido bastante. Dijeron que iba a estar más días en cuidados intensivos debido a su estado. 
 
—Sé lo que le contamos. La verdad es que no sabemos cómo, pero hace unas horas despertó sobresaltada. El grito sorprendió a la enfermera que acudió inmediatamente, su hija estaba despierta respirando por su cuenta ya que al incorporarse se había arrancado la máscara. Tras el susto inicial la enfermera consiguió que se calmara y realizó una comprobación rutinaria de sus constantes vitales. Todos los parámetros eran normales. Sinceramente estamos tan sorprendidos como usted. 
 
<<Es una chica fuerte>> pensó Eva mientras escuchaba al doctor y sonreía.

—¿Y ahora doctor?

—Pues se quedará en planta. En los próximos días tenemos que realizar algunas pruebas y según evolucione iremos evaluando. Por ahora será mejor que descanse, le han administrado un relajante que le hará dormir unas horas. Vamos hablando. 
 
—Muchas gracias por todo.

Cuando salía de la habitación, la madre de Eva se sentó junto a su hija sosteniendo su mano. A la espera de que la pequeña despertara. Unas horas más tarde Eva daría los primeros signos. Al sentir la mano de su madre cogiéndole la suya apretó mostrándole su presencia. Su madre sonrió al ver que la niña se encontraba bien. 
 
—Hola, mamá. —susurra con una voz debilitada mientras abre los ojos. 
 
—Hola cariño, ¿cómo te encuentras? —descubre su rostro mientras aparta levemente el pelo.
—Como si me hubiera atropellado un camión —dice mostrando un atisbo de sonrisa.

—Veo que vuelves a ser tú. Menudo susto me has dado cariño. 
 
—Lo siento, solo quería regalarte la esclava. Y ahora ... 
 
—Tranquila, mi amor, tú únicamente recupérate. Descansa un poco más.

Eva volvió a cerrar los ojos mientras su madre no soltaba su mano en ningún momento manteniéndose a su lado y quedándose dormidas una junto a la otra.

Juan Luis Galán Olmedo

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