domingo, 26 de enero de 2014

CAPÍTULO 10 -NOVELA-

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El espeso silencio se respiraba en el Porsche Carrera en el que el rey y Jesús iban de camino al hospital. El muchacho no se atrevía  a romper dicha atmósfera, seguía sin asimilar los últimos acontecimientos. José, por su parte, intentaba encontrar alguna explicación a lo que estaba sucediendo mientras conducía. Una y otra vez acababa convencido de que el chico no le había contado toda la verdad. En cualquier caso, debía de eliminar todo rastro de los sistemas antes de que el Señor Márquez llegara. Eso y averiguar qué demonios estaba pasando.


Al ir acercándose al Virgen de la Esperanza Jesús se percató de su destino.

—¿Para qué venimos aquí?

Tengo que aclarar algunas preguntas.

—¿Que sucede? ¿Por qué me has traído contigo?

Si te quieres ir. Ya sabes cómo ir a casa. mientras sale del coche tras aparcar dirigiéndose al hospital. Jesús decide seguirle.

Veo que te quedas. Bien, tú ve a la habitación de Eva, yo tengo que hacer una cosa antes de reunirme con vosotros.

—¿Pero qué pasa? En tono de súplica ante la precipitación de los hechos.

Ahora no hay tiempo. Hazme caso. Quédate con Eva y ahora nos encontramos.

El muchacho se dirigió a la habitación 213 mientras José se dirigía al cuarto de sistemas donde se alojaban los servidores del hospital.



-



Marc estaba en la sala de control cuando saltó una alarma en las pantallas. El sector alpha volvía a dar una señal de alerta. Activó a HAL instándole a ofrecerle información del origen exacto donde se había producida la brecha de seguridad. En pocos minutos el sistema devolvía la imagen en tiempo real de la cámara de seguridad de la sala de servidores en el hospital Virgen de la Esperanza. Hacía muy poco que las habían instalado, era parte del protocolo habitual cuando la corporación sumaba activos a su propiedad. De manera inmediata activó la detección facial aunque no sabía si lograría obtener un resultado ya que la imagen usada, del sujeto, era un reflejo en el monitor en la que el infractor estaba operando. Al hacer zoom sobre la imagen si pudo leer lo que mostraba la pantalla que manipulaba el infiltrado. Podía leerse un nombre:


 Eva García . Habitación 213

Iba a realizar una llamada a Márquez para contarle lo sucedido cuando el sonido lejano de la explosión lo pospuso. Inmediatamente las alarmas en la sala de control se dispararon mostrándole en los monitores restantes las imágenes de las cámaras de seguridad de la entrada a la corporación. No podía creer lo que estaba viendo, la garita de entrada al perímetro había volado por los aires. Tras activar el pulsador de alerta, que activa el protocolo de emergencia, recogió el M26 de la sala saliendo al exterior  dispuesto a dirigir en persona al personal de seguridad y enterarse sobre el terreno de lo que estaba sucediendo.

Al abrirse la puerta de acceso, desde la sala de control al garaje, recibió un golpe seco en la nuca que le hizo perder el conocimiento, cayó desmayado al suelo. Daniela sonrió al ver como su rostro golpeaba el cemento. Tras alejar las armas que este portaba y sin remordimiento alguno realizó un disparo sobre la rodilla de su superior haciéndole recuperar la consciencia de manera inmediata ante el dolor que había supuesto el impacto del proyectil. Ella  reía mientras Marc gritaba como si de un niño pequeño se tratara. Sin tiempo para reaccionar Marc sintió otro disparo sobre la rodilla sana que le quedaba volviendo a perder el conocimiento.

Márquez acababa de llegar a casa de Karen y Marc cuando sonó el móvil.

—¡Vuelve inmediatamente a la base! Estamos siendo atacados. Voy a hacer algunas llamadas para intentar evitar que acudan muchos curiosos del exterior. Marc debe de estar controlando la situación. Ya ha activado el protocolo. Yo bajaré inmediatamente.

—¡¿Qué pasó?!

—¡No lo sé, pero ha habido un par de explosiones! ¡Ven enseguida!

Voy para allá.

Tras dar un delicado beso a Andrea, Márquez salió apresuradamente de la casa.

Cuando Marc despertó vio que se encontraba en la sala, sobre una silla maniatado; cuando miró  hacía el origen del dolor observó como le habían puesto un torniquete en cada una de las pantorrillas evitando de esa manera morir desangrado. El dolor era difícil de soportar, al mirar a su agresor logró adivinar la silueta de la novata dándole la espalda.

—¡Hija de puta! al oírle ella se dio la vuelta.

Vaya, estás despierto. Un tipo duro, pocos aguantarían ese dolor.

Vete a la mierda ¿Qué cojones quieres?

No te preocupes, ya tengo lo que necesitaba mientras le enseña el carnet de identidad que ha sacado de la cartera de su bolsillo. Tuve suerte de que lo actualizaras hace poco con tu nueva dirección.

—¡Déjala en paz! Ella no ha hecho nada. le dice como loco tras intuir lo que esas palabras significaban.

—¡Nunca os han importado las vidas de inocentes a ninguno de los dos! Dice fuera de si Aunque tranquilo, no es ni a ti, ni a tu mujer a quien quiero. comenta mientras sonríe mirándole a los ojos.

En ese momento Marc recuerda  que Márquez acababa de dejar a su pequeña en casa junto a Karem. Sus ojos mostraron el terror. Ella al percatarse de ello no le dio tiempo a pensar en más. Cogió su puñal e imitó el horror que le había llevado a ese preciso instante.

De manera inmediata recogió la acreditación y elaboró la escena tal y cómo la había planeado; tal y cómo la llevaba grabada a fuego en su memoria.  Salió con una triunfal sonrisa cerrando las puertas a su espalda <<Se dará cuenta, sin duda.>> pensó. Antes de abandonar el garaje colocó una última carga de C4 en el deportivo <<Una lástima>>, pensó. Con el M26 en sus manos se dirigió corriendo a la entrada del perímetro uniéndose al resto de compañeros que ya estaban en el lugar de la  explosión. Los restos de la caseta eran escasos y estaban desperdigados en un amplio radio por la zona.

El despliegue había cortado la carretera de acceso por ambos lados de la entrada. Ni siquiera habían permitido entrar a los cuerpos de seguridad del estado o a los bomberos. Unos minutos después, María Cruz acudía a la zona. Al preguntar por el jefe de seguridad y ver que no estaba presente instó a tres de sus soldados a que le acompañasen. Daniela respiró aliviada al no ser elegida entre ellos.

Justo unos minutos después vio llegar el coche de Márquez y ante los nervios de ser descubierta decidió realizar una última llamada. En el momento en el que la Señora junto a sus hombres levantaban la puerta del garaje accediendo a su interior la deflagración producida por la explosión del vehículo dejó a los cuatro tirados en el suelo. El sonido de la explosión en el interior de las instalaciones alertó a Márquez que aceleró su tartaja saltándose la barrera a través de sus hombres. 

Todos menos una agente se dirigieron a dar el alto al vehículo que había accedido a las instalaciones de manera abrupta. Daniela abandonó el perímetro mientras escuchaba el silbido de las primeras ráfagas de los M26. No sabía de cuánto tiempo disponía antes de que se percataran del engaño, debía de llegar a la furgoneta al otro lado del bosque y dirigirse hasta su objetivo antes de que lo averiguaran.



Juan Luis Galán Olmedo

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