domingo, 5 de enero de 2014

CAPÍTULO 9 -NOVELA-




Tras el pequeño descanso volvió  a su puesto justo en el momento en el que Marc  mostraba la credencial a su compañero.

—¿Qué tal Daniela? ¿Todo tranquilo? comenta ignorando al otro guardia.

—¡Hola Marc! Aquí viendo pasar las horas le sonríe —¿Un día revuelto? He visto hace un rato salir a Márquez.

Nada, problemas personales. Hay que tomar relevo, que se le va a hacer. Sonríe mientras atraviesa la barrera.

En ese momento el deportivo se dirigía al garaje anexo a la sala de control. Cuando se aseguró que no podía ser vista y sin previo aviso, descargó el x26 sobre su compañero. La caída al suelo fue fulminante en medio de violentas sacudidas. Los ojos de Justin parecían querer salirse de las orbitas en casa sacudida. Cuando  dejó de temblar,  se acercó y sin ningún tipo de escrúpulos aplastó la tráquea con un golpe seco de su bota contra el cuello y clavo su puñal en ese mismo punto. Limpió el cuchillo con la propia camisa del cadáver de su excompañero mientras la sangre fluía dejando un charco alrededor del cuerpo.

Tras cerciorarse de que no había patrulla en la zona se dirigió hacía su coche, aparcado al lado de la caseta, sacó un saco de dimensiones considerables del maletero y lo arrastró hasta dentro. En su interior, junto al cuerpo desangrado, extrajo el cuerpo de una muchacha de edad y complexión similar a la suya. Dejó el envoltorio nuevamente en su coche y colocó otro pequeño explosivo en su interior. <<Aún no pueden saber que soy yo >> pensó mientras se dirigía con evidente prisa al garaje anexo a la sala de control.

Márquez en ese momento llegaba a recoger a su hija Andrea. La enfermera, avisada previamente, había preparado todo para trasladar a la niña a la nueva ubicación. La corporación había sido generosa con su familia puesto que no reparaba en gastos a la hora de habilitar todo lo necesario para que la pequeña siguiera el tratamiento allá donde fuera necesario.

Buenas noches, Señor Márquez. Ya está habilitado todo en la otra dirección que nos facilitó.

Muchas gracias Verónica. ¿Te vienes con nosotros?

Sí, si no le importa prefiero ir con su hija.

No hay problema.

La pequeña dormida en la cama no es consciente de lo que estaba sucediendo. Márquez cogió en brazos a su niña y la introdujo en el coche. Los tres se dirigieron hacía casa de Karen y Marc.



-



Los ojos de Jesús mostraban una rabia inusitada, la expresión del rostro se había modificado de manera considerable. El chico rodeaba el cuello del psicólogo con sus manos mientras la respiración de José se ralentizaba poco a poco, su rostro comenzaba a sufrir evidentes signos de cianosis. El muchacho había perdido completamente el control. Cuando creía que iba a culminar; la que sería su primera muerte, su segundo intento,  Jesús miró directamente a los ojos de su víctima y en ese momento fue cuando el rey aprovechó para mostrarse. El iris comenzó a cambiar de color, a la vez que perdía su forma redondeada y se estiraba otorgándole el aspecto de una bestia. Debido al susto el muchacho aflojo la presión inmediatamente, instante en el que se invirtieron los papeles. En un rápido movimiento se deshizo del muchacho posicionándose a su espalda. Sin saber cómo, Jesús se vio rodeado por los brazos de su oponente viendo obstruido el flujo de aire.

Justo antes de que perdiera el conocimiento José aflojo la presión sobre la tráquea del chico que se alejó asustado entre jadeos mientras intentaba recuperar la respiración. La cara de odio había dado paso a la de terror.

Recupera el aire que te va a hacer falta. le dice mientras busca en un cajón del escritorio a su espalda un espejo.

—¿Qué ha sido eso? dice entre tosidos e inspiraciones forzadas.

—¿A qué te refieres?

—¡Tus ojos, vi como cambiaron de forma y color!

Con tranquilidad se acerca al muchacho y le dice:

 —¿Acaso crees que han cambiado? mientras abre sus ojos marrones para que los vea bien. Mientras el chico duda de la visión de hacía unos minutos escasos, José pone delante del rostro de él un espejo. Por primera vez en su vida Jesús observaría su  verdadero rostro.

—¡No puede ser! ¡¿Qué has hecho?! dice mientras recula hasta topar con la pared.

—¡Este eres tú!

Venciendo la sorpresa y el temor inicial se acercó al espejo que aún sostenía en alto y vio como sus ojos aparecian formando una vertical. Cada uno de sus ojos era de dos tonos; rojo y amarillo. El rostro que estaba observando no era el que conocía aunque el único cambio a nivel físico viniera de la transformación de su mirada.

—¿Cómo es posible? —dice mientras mira a José —Entonces no lo he imaginado, tus ojos cambiaron de color. ¡Eran rojos!

Dices así, ¿quizás?

En ese instante la mirada de José se volvió a transformar tal y como lo había observado Jesús mientras intentaba acabar con él. El chico sorprendido vio como de manera análoga el rey volvía a recuperar su expresión habitual.

—¡No puede ser! ¿Qué eres?

 Quienes somos, dirás. ¡Siéntate! Tengo que contarte algunas cosas.

Dejándose caer sobre la silla aún era incapaz de entender que estaba pasando. Lo que había visto en los últimos minutos no tenía explicación alguna. Incapaz aún de procesar todo aquello tenía una mirada vacía que intentaba captar el infinito. Sin darse cuenta había recuperado su habitual semblante.

Cuando José iba a comenzar a dar explicaciones, sonó el teléfono. Sonó hasta que el contestador automático saltara, momento en el cual se oyó en la habitación:

Señor Cruz, soy el señor Márquez. Estoy intentando ponerme en contacto con usted debido a la necesidad urgente de adelantar la reunión de cara a la transferencia de conocimiento tras la adquisición de la red de hospitales por parte de mi empresa. Llámeme, voy de camino. Necesito reunirme con usted urgentemente.

Cuando terminó el mensaje. José se levantó disparado y se dirigió a la puerta dejando al muchacho expectante. Cuando iba a abandonar la estancia se giró hacía Jesús y le espetó.

—¡Vienes o te quedas ahí parado!


Juan Luis Galán Olmedo

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