viernes, 14 de febrero de 2014

Erase una vez... La promesa mágica*

Erase una vez en un reino muy, muy lejano, una bella princesa que en el día de su decimoctavo cumpleaños celebró una inmensa fiesta para invitar a todos sus amigos del reino.

Estaban disfrutando todos juntos cuando en el castillo hizo aparición un humo espeso que comenzó a dar forma a un mago muy poderoso.

¡Detesto las fiestas! dijo el mago.

Todas las personas que había allí reunidas atemorizadas comenzaron a salir lo más rápido posible del aposento.

¡Todos quietos! al decir esas palabras el mago nadie se podía mover de su sitio. ¿De quién es esta fiesta?

La princesa emitió un leve sonido de su garganta ¡Mío!

Entonces es tuya la culpa de celebrar esto, y por lo tanto tuyo va a ser el castigo. —en ese momento el mago agitó su varita y el humo cogió a la princesa y se la llevó al castillo del brujo a mucha distancia de donde en ese momento se encontraban.

Inmediatamente el Rey emitió un mensaje para todo el reino y los reinos amigos. Aquel que rescatara a la princesa sería recompensado con la mano de su hija. Muchos intentaron alcanzar ese destino pero solo uno lograría tal hazaña. Un pequeño reino vecino recibió la noticia y al llegar a oídos de su príncipe, este decidió embargarse en la aventura.

Tras muchos problemas en el camino se presentó al borde del bosque maldito, un lugar del que nadie había regresado nunca. Él, convencido de que deseaba conocer a la princesa se adentró en el. El barro le llegaba a las rodillas y dificultaba su paso; en el momento en el que iba a abandonar escuchó una dulce melodía que procedía de un lugar cercano. Esa melodía le dio fuerzas y al llegar al lugar descubrió que era la princesa cantando desde la torre del castillo de donde venía la música.

Al salir del bosque pensó que sería fácil sacarla de allí, sin darse cuenta que el brujo le estaba esperando.

¡Alto! ¿Cómo te atreves a venir a mi castillo? dijo el brujo

Quiero llevarme conmigo a la princesa. contestó el príncipe

Eso no sucederá nunca, a no ser que acabes con el dragón que la protege. replicó el brujo.

¿Dragon? ¿Qué dragon? dijo sorprendido el príncipe.

-¡Este! En ese momento el mago se transformó en un dragón cuyo primer saludo al príncipe fue una ráfaga de fuego desde su humeante boca.

El príncipe logró esquivar el ataque y sacó su espada. Junto a su escudo intentó dar alcance al brujo convertido y asi rescatar a la princesa. Ella al oír el ruido de la lucha se asomó a la ventana y contempló horrorizada como el dragón iba a asestar con sus garras un golpe mortal al príncipe. Y gritó. 

Gritó tan fuerte (Pedir gritar a los niños) que parecía que fueran muchas voces a la vez, tan fuerte era el sonido que el dragón no pudo soportarlo y se olvidó del príncipe intentando taparse los oídos y evitar ese horrible sonido. En ese momento el príncipe atacó al dragón hiriéndole.

Al estar herido el brujo perdía poderes y se volvió a transformar en su forma humana. Humillado pensó que iba a ser su ultimo día, pero el príncipe solo se preocupó de rescatar a la princesa en ese momento.

¡Mi príncipe! Dijo ella nada más verlo.

Princesa, creo que es hora de volver a casa. Tu padre me ofreció su mano pero está en sus manos cumplir esa promesa. Le dijo mientras le abrazaba.

La princesa le agradeció el gesto, nunca había querido casarse con alguien por obligación, pero en ese momento ya había decidido y le dio un primer beso.

El camino de regreso fue difícil y largo; todos en el reino pensaron que el joven príncipe también había fracasado. El día que aparecieron en el camino real dirección al castillo, la fiesta fue la más importante que se celebraría en ese reino si no fuera porque unos meses después celebrarían una boda real. Y colorin…

Un momento… ¿Y qué sucedió con el brujo? Al salir el príncipe le perdonó la vida con la condición de que nunca más usaría sus poderes para el mal. El brujo aceptó bajo promesa; sabiendo que todas las promesas son mágicas y deben de cumplirse. De esa manera el día de su boda, la princesa y el pudieron partir a su luna de miel en un elegante y exclusivo dragón ataviado para la ocasión.

Vaya viaje nos espera dijo el brujo convertido en dragón dirigiéndose a los niños, mientras la princesa y el príncipe les saludaban.

Y desde aquel día fueron felices para siempre. Y colorín colorado este cuento se ha acabado. 

Juan Luis Galán Olmedo


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Otras obras del autor


Participando en la iniciativa de "Relato Semanal Febrero" del blog Just a Mary Sue

*Tenía cuatro restricciones al escribir este relato (Aunque también dio lugar a este): Para niños menores de 3 años. Los personajes obligatorios  debían de ser: Un brujo, un dragón, una princesa y un príncipe.
Sometido al jurado más tierno -y feroz al mismo tiempo- respiro aliviado con el resultado ;-) 

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