viernes, 7 de febrero de 2014

Erase una vez...

Érase una vez en un muy, muy lejano reino una bella princesa que maldecida por un malvado brujo...

Disculpe, ¿no le parece un poco cliché? —Le indica dándole con un pequeño bastón en la mano obligándole a soltar el bolígrafo sobre el papel.

¡Ay! ¡Pero que cojones…!

¿Eh, un poco de educación, señorito Jaime! Aún no tiene la suficiente confianza como para lanzar exabruptos en mi presencia. Me presento. Mi nombre es Lendrín.

¡Perdón!, pero de dónde has salido, ¿Cómo sabes mi nombre? Que susto me he llevado. Además me has hecho daño con ese golpe.

No sea niño, si casi no le he dado. Vengo de un muy, muy lejano reino según usted y adivinar el nombre es lo más básico que un brujo puede realizar. Estaba usted escribiendo sobre mí. Por cierto, una curiosidad que siempre hemos tenido los brujos…

¿Brujos? Eres ¿un brujo? En ese momento vuelve a golpear con el bastón al chico, en esta ocasión en la cabeza. ¡Ay!, ¡Deja ya de golpearme!

¡Pues no interrumpa! Como iba diciendo… ¿Por qué siempre estamos en un muy, muy lejano reino? Y otra más, ¿A qué es debido que siempre seamos los malos de la historia?

Siempre ha sido así, el brujo es malo, el reino lejano. ¿No crees? —Contesta Jaime.

Nada es porque debe de ser. Las cosas solo cambian si se hace algo distinto. Tengan un poco de imaginación. En ese momento el brujo levanta el bastón para volver a golpear al muchacho. Este grita protegiéndose la cara con los brazos.

¡Pero ahora que he dicho!

Deje de tutearme, ya le comentado que no tenemos la suficiente confianza para ello. —Dice mientras repliega el bastón. En ese instante el chico baja la guardia y Lendrín le propina una sonora colleja ¡Un poco de respeto benjamín!

El chico, tras pasarse el resquemor de los golpes, se fija por primera vez con detalle en el brujo. Un vaquero roído y una camisa blanca que le llega a la rodilla no indicarían que se trata de un ser de fantasía tal y como lo entiende Jaime. El estrafalario sombrero y el bastón grabado podrían indicar que se equivoca.

<<Sabía que no tenía que haber fumado lo que me dio Pedro. >> pensó Jaime.

El brujo en ese momento se sonríe.

Yo que usted tendría cuidado con lo que piensa, podría haber alguien escuchando. Y no, no le eche las culpas a lo que fuma.

¿Me has…? Perdón, ¿Me ha leído el pensamiento? —Comenta asustado alejándose del brujo.

Muchacho, cuanto le queda por aprender. Desde que empezó a pensar sobre lo que iba a escribir ya sabía yo cómo iba a concluir esta historia. Por eso decidí aparecer, estoy cansado de clichés en los cuentos que escriben ustedes los humanos. Todos acaban haciendo lo mismo. ¡Si hasta la princesa y el príncipe están ya hartos de comer perdices!

¡Es imposible que supiera sobre lo que iba a escribir si ni siquiera yo sabía cómo iba a continuar!

¿Imposible? Discúlpeme, pero que sea usted lo suficiente ignorante para no saber sobre cómo continuar no impide que yo pudiera saber sobre lo que iba a escribir. Le pondré un ejemplo; esta iba a ser la sinopsis de su cuento. En ese momento Lendrín comienza a contarle.

Ibas a escribir sobre una princesa que habría sido hechizada por un Brujo malvado. Al cumplir la mayoría de edad el rey ofrecería la mano de su hija al heredero real de otro reino que lograría liberarla del hechizo. Un príncipe conseguiría llegar al tenebroso hogar del Brujo y matar al Dragón, Dragón que en realidad sería el Brujo con cuya muerte se rompería la magia. Al Hechicero le llamarías Lendrín; muy imaginativo como siempre. El príncipe y la princesa, como no,  serían guapos y se enamorarían nada más verse y colorín, colorado este… Vamos lo de siempre.

Jaime estaba con la boca abierta. Solo había escrito una línea, pero sentía que lo que acababa de escuchar era en cierto modo lo que iba a escribir. Escucharlo le había de algún modo recordado que así lo había imaginado.

Pero, ¿Cómo?

¿Lo ves? Clichés. Siempre lo mismo. Y ya estamos hartos.

¿Hartos? Solo te veo a ti aquí… No pudo terminar la frase cuando el bastón volvió a golpearle en las costillas. Mientras se quejaba por el impacto aparecían en la habitación dos figuras más. El príncipe y la princesa mientras el  chico daba un respingo hacia atrás subiéndose prácticamente a su escritorio.

Le presento al príncipe y la princesa. dijo el brujo sonriendo.

Jaime movió la mano en un gesto que podría parecerse a un saludo.

Princesa, príncipe ¿Qué opinan de los cuentos? Les he traído aquí para que le den su opinión al muchacho.

El príncipe va a tomar la palabra cuando la princesa le interrumpe.

Estoy algo cansada de ser yo quien sufra las maldiciones, ya le podría tocar a él alguna vez…

Querida, una vez fui rana. —Interrumpió el príncipe.

¡Sabes a que me refiero! Además, ¡no me interrumpas! Sabes que no me gusta.

Menudo carácter tiene ¿no? dice Jaime dirigiéndose al brujo.

Para que vuelvas a escribir que es el brujo el malo del cuento le dice Lendrían guiñándole un ojo.  

Cariño no te enfades, sabes que acabaremos siendo felices para siempre. dice el príncipe intentando acercarse a la princesa cuando ella se da la vuelta rechazando la muestra de afecto mientras se dirige a Lendrín.

¡Y tú! brujo barato, ¡tantos poderes y eres incapaz de cambiar las historias!

Ya empezamos Dice resignado Lendrín señora ya se lo expliqué en infinitas ocasiones. Soy poderoso, pero es él mencionando a Jaime mientras dirige su bastón señalándole —Y otros tantos como él los que tienen el cuento en sus manos. Incluso estas mismas palabras que ahora estamos diciendo, la historia que estamos viviendo podría cambiar si ÉL quisiera…

-No entendemos a que se ha referido con esto último —Dice el chico viendo la misma incertidumbre en la cara de las otras dos personas presentes en la sala.

No eres tú solo, Jaime, quien debe de entenderme. Aunque creo que tú ya lo has hecho. ¿Me equivoco?

El chico se da la vuelta y ve el papel sobre la mesa con la frase con la que iba a iniciar el relato. Coge el bolígrafo y tacha la línea.

Sí, creo que lo he entendido —Dice mientras se gira y ve, tan solo, una habitación vacía.



Juan Luis Galán Olmedo


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Participando en la iniciativa de "Relato Semanal Febrero" del blog Just a Mary Sue

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