domingo, 20 de abril de 2014

CAPÍTULO 13 -NOVELA-

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—¡Mamá! ¡Mamá! —grita Eva nada más entrar por la puerta de su casa. 

En un primer momento nadie contestaba, comenzó a buscar a su madre habitación por habitación mientras continuaba gritando. Cuando ya estaba en la segunda planta fue cuando escuchó por primera vez el agua de la ducha y se dirigió al baño. 

—¡¿Qué haces aquí? —fue lo primero que articuló  la madre de Eva cuando la vio entrar por la puerta mientras cerraba el grifo del agua.

—He tenido que irme del hospital, ha venido un hombre con Jesús y resulta que… —cuenta de manera atropellada.

—No te he entendido nada, cariño, tranquilízate y cuéntamelo todo. —dice mientras se seca con la toalla y comienza a vestirse. 

—Qué he tenido que salir del hospital, ha venido Jesús con un hombre, un tal José, y resulta que le conocía; pero de un sueño muy raro que he tenido esta mañana y no… no entiendo nada… no puede ser… —dice antes de ser interrumpida por su madre.

—A ver, tranquila. —le dice mientras le rodea con sus brazos.  —A Jesús le he dejado contigo y me he venido a casa a darme una ducha. Comentas que luego ha llegado un hombre ¿al que conocías? ¿de un sueño? Cariño, ¿no lo habrás visto antes por la calle o algo así?

—¡No!, estoy segura. Es el hombre de mi sueño. —dice mientras mira con cara de súplica a su madre. —¡Créeme!

—Si yo te creo cariño, pero sabes que suena raro. A ver, cuéntame ese sueño y tranquilízate que te va a dar algo.  —Dice mientras abraza a su hija y se dirigen a su cuarto. Sobre la cama Eva comienza a narrarle el sueño que había tenido a su madre mientras se acurruca en su regazo. 

De espaldas con el torso desnudo golpea la pared de la montaña, la sangre brota por sus manos manchando la piedra que cae rota a sus pies. Él se da la vuelta, ve a un hombre de ojos claros, de unos 40 años, fatigado con una mirada de frustración en su rostro. Una barba no muy poblada, con las primeras canas que asoman en su superficie, cubiertas del sudor que el esfuerzo está provocando.

— No pares. No temas sentir dolor. Este desaparece y sabes que cada golpe que das, lo das con una nueva piel. Eres hijo de tu padre. El que acabó con Gerión y su dinastía de terror.

—Eva, no me cuentes el mismo cuento una y otra vez. Mi padre ya no está, desapareció tras la muerte de madre y solo recuerdo retazos de su vida a través de las visiones.

—José, sabes de sobra que no es un cuento. Es verdad que tienes la determinación y las ganas de aprehender de tu padre. El sol rojo brilla en tus alargadas pupilas como si de un tributo al héroe se tratara. 

— Era muy pequeño cuando los perdí. En realidad es como si nunca los hubiera tenido. Eres la única persona que me queda. ¡Y de madre! De ella no me queda nada y también soy hijo suyo. —dice rabiando en sus palabras.

—Mejor que no te quede nada de ella. 

Indignado ante el comentario transforma su mirada en la de la bestia que lleva en su interior y descubre el rojo de sus ojos. 

—No te excites tanto y aprende a transformarte cuando lo deseas, no antes.
En ese momento Eva solo imagina el dolor que sentiría si supiera la verdad. Por suerte para todos, excepto para su madre, su padre habría cumplido con su deber hasta el final. Cada nuevo día que comenzaba era un alivio descubrir que durante la noche el muchacho no había visto la realidad en sus visiones. Ese día llegaría, aunque espera no estar cuando suceda. 

—José, tranquilízate y deja de lamentarte. Da gracias, eres único y deberías de agradecerlo. Basta de hablar y continuemos con el entrenamiento. Tienes que aprender a usar todo tu poder, controlar toda tu energía. Nunca sabes… —dice cuando es interrumpida por el chico.

—Ya, ya, no lo repitas tanto. Aún veo noche tras noche, una y otra vez, los entrenamientos que realizabas con Padre. Os veo en las visiones, en mis sueños, no lo olvides. Siempre te oigo repetir lo mismo: "Nunca sabes cuando los vas a necesitar."

—Jajajajajaja, nunca me acuerdo que entrenas hasta en sueños. —le dice de manera burlona, mientras piensa: "Sé que estoy en tus pensamientos, tú también en los míos, al igual que tu padre." 

El sol levanta vertical sobre sus cabezas marcando la hora de la comida. Ambos regresan  en silencio a la cabaña. Ella recuerda como el amor de su vida, un mortal al que hacía años había devuelto a la vida tras lanzarse al vacío por un acantilado; había, tras huir de su lado en busca de su verdadero amor, acabado con Dragno instaurando un tiempo de paz desconocido. Lo que aconteció después ningún oráculo podía predecirlo.



J.L. Galán

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