jueves, 14 de agosto de 2014

Uno misma

Hace mucho tiempo que ya no se siente. Se mira  al espejo reconociendo a quién hay al otro lado tan solo por la foto que se refleja en el.  El nudo le aprieta la garganta, pero ni siente que le ahogue. Es consciente de que se ha olvidado de quien es.

En ese momento su mente le transporta a un recuerdo de juventud, el de su afición a las faldas, que le devuelve la sonrisa (La primera en mucho tiempo). Recuerda, también, que de joven cuando veía a un ejecutivo de camino al trabajo se imaginaba a ese apuesto estirado como un perrito faldero guiado por un hilo invisible atado a la corbata. Había olvidado que poco le gustaban los trajes, mucho menos la correa a juego que el protocolo recomendaba llevar alrededor del cuello.  

Vuelve a sonreír y por primera vez en muchos años decide aflojar el nudo. En ese momento sucede algo con lo que no podía contar: Se hace consciente de que respira, comienza a sentir a cada inhalación como el pulso se le acelera y de repente recuerda quien es. Es en ese momento al desprenderse de la corbata y decidir cambiarse de ropa cuando comienza  a soñar tras muchos años muerta. 

Sabe que va a empezar a no cumplir las expectativas que los demás tienen puestas en su persona, que no va a agradar tanto como antes lo hacía, pero se sigue mirando en el espejo y continua sonriendo. Había olvidado lo bien que le sienta la falda.

J.L. Galán

2 comentarios:

  1. Fantastico relato, mucha gente vive en la piel de una persona que no es

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  2. Gracias Juan Ignacio, me alegro que te gustara. Un saludo.

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