viernes, 20 de febrero de 2015

Fría Marquesina

Nunca hubiera imaginado que aquella sería la última noche que pudiera dormir. El frío ya era evidente a esas alturas del invierno y los huesos cada vez  respondían con menor alegría al inicio de la madrugada. El primer autobús pasaría en unos minutos y los primeros pasajeros comenzaron a ocupar la parada. <<A quien madruga dios le ayuda>> pensó en voz alta mientras recogía todo antes de emprender su camino. A su alrededor nadie respondió al silencio.

Varias horas a pie le separaban de su destino. Caminaba con el sonido de la ciudad de fondo y su voz resonando a través de los oídos, pero solo él escuchaba. Era parte de la rutina en ese paseo diario hacía el único lugar donde volvía a sentirse persona. Asegurarse un plato de comida caliente y unas horas de refugio bajo un techo, placeres nada despreciables en su caso, no eran comparables a las conversaciones que se daban en aquel lugar durante las escasas horas que les permitían estar en el recinto.

Con todas sus posesiones encaminó el viaje de vuelta a su hogar entre recuerdos de un presente ya pasado y un pasado muy presente; momento en el que la mente ocupaba su rostro mientras jugueteaba con el tiempo en su memoria:

La sonrisa le embriagaba mientras recordaba a Andrés jugar en el parque bajo su atenta mirada tras un día de guardería y trabajo. El orgullo que sentía al  verle crecer día a día ¿Dónde estaría ahora? ¿Le reconocería al verle? ¿Se acordaría él de su padre? En ese momento las lágrimas le recordaban que hacía ya trece años que el pequeño había desaparecido de su vida junto a su madre. Aquella marquesina fue el último lugar donde le vería, aún recordaba cómo se despidió hasta la tarde sin imaginar nada parecido. La memoria no entendía de tiempo y el dolor era tan intenso que parecía nuevo el recuerdo.


Ensimismado en sí mismo ni siquiera se había percatado de la fina lluvia que había conseguido calar sus ropas acompañándole hasta su lugar de partida. Había regresado de manera automática, siempre que volvía sonreía, la esperanza de que aquel fuera el día en el que se lo encontrara nunca se desprendía de su alma. Caminó alrededor del parque haciendo tiempo a que el último viaje partiera y con suerte entrar en calor antes de volver a tumbarse. Llegado el momento preparó los cartones sobre el asiento y se dispuso a pasar entre sueños lo que quedaba de noche en aquella última parada.

Juan Luis Galán Olmedo

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