viernes, 20 de noviembre de 2015

Doppelgänger

Lo único que notaba Alejandro era el bombeo de la sangre en la  cicatriz que se cruzaba en cada una de sus muñecas. Su corazón latía por costumbre. Durante la noche, mientras dormía, era el único instante en el que en ocasiones sus labios mostraban algo similar a una sonrisa desde el día de aquella cita a ciegas. Siempre soñaba lo mismo, pero no recordaba nada excepto un profundo  olor a café recién hecho.

Morir cuesta más de lo que la mayoría cree.  Adrián tenía esa certeza, intuida sólo a través de una repetición de ideas y presente en cada uno los sueños que se habían sucedido en su vida. Era lo único que soñaba, pero desde que conociera a Celia solo lo hacía recordándolos a través de los labios de ella.

Celia siempre reaccionaba de la misma manera, como si la repetición de una idea se reflejara siempre de la misma forma: Fruncía el ceño mientras escuchaba con paciencia,  y cuando Adrián ya había acabado; le repetía lo loco que estaba, le propinaba un beso y se levantaba con prisas por comenzar el día. Adrián siempre aprovechaba para contárselo nada más despertar, cómo si la espera hiciese el olvido y no hubiera segunda oportunidad. Quizás no estaba muy errado sobre esto último; cada vez que ella salía huyendo de la cama, perdía la noción de su propio pensamiento y memoria mientras observaba cómo se balanceaba de espaldas su cuerpo  yendo rauda  a encender la cafetera.

Pasadas algunas semanas, los sueños de Adrián eran cada vez más constantes. Celia había llegado al punto de darle un ultimátum. No deseaba seguir escuchando más sueños sobre diferentes maneras de morir. Discutieron, se reconciliaron. Aquel viernes trece sería el primero de muchos  que él olvidaría soñar para siempre.


Ese domingo al abrir el dominical, ella le mostraba a Adrián; con una mezcla de curiosidad y asombro una noticia, sucedida tan sólo dos días antes. Aparecía en la foto un chico con un parecido asombroso a él. Ambos la leyeron dejando que el silencio ocupara por unos momentos la estancia. Adrián se quedó pensando en la única cosa que nunca le había contado a Celia: el día en el que se conocieron iba de camino a la azotea de aquel mismo edificio, dispuesto a lanzarse al vacío de aquella misma forma. Celia por su parte le daba vueltas a un recuerdo mantenido oculto a él durante todo aquel tiempo: El día en el que se cruzaron sus caminos;  en realidad, iba de camino a una cita a ciegas con un chico llamado Alejandro.

J.L. Galán

Nota: Es mi pequeño homenaje a la espera de poder disfrutar oficialmente de la novela Doppelgänger de @GabriRodenas . Hago notar la curiosidad de que sea esta lectura la que me saca del vacío creativo en el que llevo instalado varios meses ;-)

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