jueves, 15 de diciembre de 2016

Colonización

Diario de a bordo. Día 1, tras regresar de Próxima B.

Es sólo un sueño, pero es tan real que he vuelto a sentir erizarse cada uno de los pelos de mis brazos, como cuando despertaba junto a ella. He sentido de nuevo su tacto. El olor es el mismo aroma a sudor con el que amanecíamos cada día. El sabor de su sexo aún perdura en mi boca y el sonido de sus susurros se vuelca en mis tímpanos. Sin embargo, nunca he podido disfrutar de su imagen desde el día en el que nos separamos. Es como si en ese instante todo mi cerebro pudiera recordar a través de cualquiera de mis sentidos, excepto la vista. Yo alardeando toda mi vida de memoria fotográfica y me encuentro ciega frente a la única experiencia que puedo sentir que me ha hecho feliz.

No puede ser sólo un sueño, pero no parece ser un recuerdo. Sé que no estoy loca, pero es imposible.

Todo comenzó hace una semana, el día de lanzamiento desde la nave nodriza. El objetivo era aterrizar en Próxima B y valorar sobre el terreno la más que probable colonización del planeta a tenor de los datos de los que disponíamos desde hacía décadas. Se había valorado enviar más tripulación, pero al final se estimó que era mejor que la primera incursión fuera mínima. Fui la elegida entre un selecto grupo de científicos debido a mi superdotada memoria visual. Esta me permite ser una cámara mucho más sofisticada que cualquier tecnología similar a nuestro alcance y la técnica de recuperación de memoria haría posible convertir mis recuerdos en imágenes o incluso vídeo, sin sonido eso sí, con total precisión a mi vuelta.  En resumen, sólo tenía que aterrizar y mantener los ojos bien abiertos.

No sé qué pasó.  El último recuerdo extraído y válido es una imagen al echar la vista atrás, viendo actuar al robot de muestras, mientras me dirigía al borde de un acantilado cercano a la zona de aterrizaje. 

Estoy muy asustada. Escribo esto sin creer lo que sé a ciencia cierta. Estoy embarazada. 


 J.L.Galán

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