domingo, 7 de enero de 2018

Perdida

<<Quédate aquí, no tardo. >>, me dijo mientras se marchaba.  —dice la anciana mientras suspira entre sollozos envuelta sobre sí misma.
—¿Hace cuánto que se ha ido? —dice él.
—Hace ya, ¡Cómo tres horas! Gracias a Dios que han pasado ustedes, no quería moverme de aquí por miedo a que no me encontrara.
—¿Cómo se llama?
—Papá, perdona… —dice el pequeño al lado de su padre mientras tira de su abrigo.
—¡No molestes, cariño, espera un momento!, disculpe… —menciona él dirigiéndose de nuevo a ella.
—¿Yo?, Elena. ¿Por qué? —dice visiblemente molesta por la interrupción del pequeño.
—No, usted no. Quien busca ¿Cómo se llama?
—Estrella, mi  niña...
—¿Cómo iba vestida?
—Un vaquero y una camiseta rosa de Benetton.
—¿Y cuántos años tiene su nieta?
—¿Mi nieta? ¡No! Mi pequeña, ¡No tiene hijos, por Dios!
—¿Se encuentra bien?
—¡Como quiere que esté si se ha perdido mi niña!
—Perdone, tiene razón… ¿Cuántos años tiene su pequeña?
—Pero, papá… -insiste, tirando del abrigo.
—¡Ya vale, espera un momento, Alberto! —dice el padre mientras Alberto recibe resignado la mala contestación de su padre.
—¡Oiga, eso no se le pregunta a una Señora! –dice indignada mientras gira el rostro con desaprobación.
—No, su edad, no, la de su hija.
— ¿Mi pequeña?... doce, recién cumplidos. El jueves fue su cumpleaños. Dios mío, espero que no le haya pasado nada malo. —dice mientras mira hacia todos lados.
—No se preocupe. Seguro que está bien. 
—No conoce a mi niña. Siempre ha sido capaz de meterse en líos con bien poco. Como no voy a preocuparme  ¡Soy su madre! Tengo que encontrarla... –dice nerviosa moviéndose de un lado a otro sin apenas  recorrer un metro del lugar en el que se encuentra.  
—Tranquilícese,  tranquilícese –comenta mientras intenta tranquilizarla. —Vamos a ver. Elena, ¿Quiere que llamemos a la policía?
—¿Quién le ha dicho a usted mi nombre?
—Usted, hace un minuto.
—¡Imposible! Cariño, dice este hombre que hemos hablado  con él –dice ella gesticulando su sorpresa mientras mira hacia atrás. —¡Policía, policía! ¡Les voy a denunciar! ¿Dónde está mi Estrella?
—¡Señora, cálmese! Sólo la queremos ayudar.
—Ay Dios mío, que han secuestrado a mi niña. ¡Policia!
—Tranquilícese, ahora mismo llamó a la policía y lo aclaramos. No se preocupe, vamos a buscar a Estrella.
—¿Cómo sabe el nombre de mi hija?
—Le escuché mientras la buscaba.
—Eso no es verdad. ¿Qué quieren de mí Estrella? Por cierto, ¿Dónde está mi hija?
—Estrella ha ido a por una botella de agua, viene ahora mismo. Usted no se mueva de aquí, ¿de acuerdo? ¿Cómo se llama usted? —vuelve a preguntar en un intento desesperado de llamar su atención pensando que podría servir para tranquilizarla.
—Elena, mi nombre es Elena. Encantada, ¿Cómo se llama usted?
—Carlos, un placer Elena.
—Voy a buscar a su hija.  Alberto —dice señalando a su hijo. —se queda con usted aquí por si vuelve su pequeña y así le encuentra y no se asusta ¿de acuerdo?
—Sí, sí, pero no tarde por favor. —comenta con voz cansada.
—Alberto, quédate aquí con ella y no os mováis de aquí. —insiste dirigiéndose ya a su hijo sin percatarse del gesto de sorpresa e incertidumbre del pequeño.

Carlos se gira dando unos pasos mientras llama al número de la policía local mientras se  aleja sin  perderles de vista. Mientras conversa con el agente, en un parpadeo se da cuenta de que Elena ya no está. Se dirige hacia Alberto gesticulando con los brazos en alto mientras se dirige hacia el pequeño.

—¡Alberto! ¿Dónde está Elena? –dice Carlos mientras su hijo muestra eleva sus hombros sin saber que decir, momento en el que  Carlos se percata de que tras su hijo, está la anciana, unos pasos por detrás.
—Elena, que susto me ha dado, pensé que se había ido. —dice mientras se acerca a ella observando por primera vez cómo le devuelve una sonrisa en su rostro.
—Disculpe, ¿conocía a mi madre?
¿Cómo dice? —contesta Carlos sin esconder un gesto de sorpresa ante la pregunta de aquella desconocida en el momento que observa a sus pies un ramo de flores junto a una foto de la anciana con un aspecto rejuvenecido. Echa la vista atrás, todavía atónito, mientras ve cómo su hijo se acerca hacía él con un gesto de interrogación en su rostro.
—¡Papá, ¿Qué pasa?!
—¿Es su hijo? —dice la mujer dirigiéndose a Carlos, de nuevo.
—Sí, sí… perdone. Sí, es Alberto mi hijo.
—Encantada Alberto —dice extendiéndole la mano para estrechársela. —¿Sabes?, debía de tener tu edad cuando mi madre se perdió justo allí —dice ella mientras el niño le tiende la mano.
—¿Estrella?
—Disculpe, ¿Cómo sabe mi nombre?
—No, no… No creo que me crea —dice Carlos mientras intenta entender lo sucedido en los últimos minutos.
—¿Cómo se puede perder una madre? —responde Alberto interrumpiendo a ambos.
—Oh, cariño. Mi mamá estaba enferma y… bueno, digamos que no recordaba muchas cosas de las que sucedían a su alrededor. A veces ni ella misma se recordaba en realidad. —dice mientras agacha el rostro por vergüenza ante el reguero que comienza a brotar de sus ojos. —Sólo, espero que sepa perdonarme por haberla dejado sola. —suspira en silencio Estrella.
—Seguro que te perdona…<<Quédate aquí, no tardo. >>—contesta  Carlos en voz baja recordando las palabras de Elena mientras la busca con la mirada, incapaz de encontrarla. En ese momento, la mujer, al escuchar aquellas palabras comienza a suspirar entre sollozos envuelta sobre sí misma y el recuerdo de su madre.

J.L.Galán


Frase inicial del cuento/relato de @gabrirodenas . Iniciativa "El CuentaCuentos"



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