domingo, 18 de febrero de 2018

Redención

Aquello no era una distopía, pero se parecía demasiado y él mismo había participado hasta este día de todo lo acontecido hasta ese día.

En ese momento se dispuso a leer en voz alta lo que llevaba escrito:

He visto cómo se dominaba a la mayor parte del planeta poco a poco a base de, sobre todo, mentiras y alguna verdad contada  de  manera singular. Sabía que la democracia era ya una de esas palabras cuyo significado había quedado amputado ante la realidad que habían querido dar forma día a día desde los poderes económicos. Estos actuaban sin prisa, pero sin pausa y durante décadas habían llevado a la sociedad al lugar que deseaban. 

He visto cómo durante décadas se iba construyendo la sociedad en la que nos encontramos  ahora mismo y me siento culpable por haber contribuido a ello. 

A grandes rasgos la foto actual es deprimente, pero muy real: 

La población mundial sigue creciendo sin parar, a pesar de las limitaciones, extendidas ya a todos los países a nivel de control de natalidad. Los recursos naturales son un bien escaso que ha comprometido aquellos años de éxito capitalista basados en la producción y el consumo sin límites. Las libertades civiles han  sido sustituidas por el derecho de los gobiernos a mantener la seguridad de sus ciudadanos, en esa lucha por nuestra seguridad muy pocos supieron ver lo que perdíamos por el camino. 

Desde los gobiernos y las élites económicas han mostrado a través de los medios de comunicación un mundo ideal en el que el esfuerzo y la perseverancia lograban que cualquiera pudiera llegar a esa posición. Una de tantas mentiras, sé de lo que hablo porque yo mismo he sido uno de esos ejemplos vendidos en público. 

La realidad es que ese pequeño porcentaje de  la población se ha adueñado de los recursos del planeta, esos que pertenecen a todos, a base de principios moralmente cuestionables. No tienen problema porque la justicia se quitó la venda y no duda en brindar sus servicios al mejor postor trabajando a tiempo completo a su servicio. Esta justicia que no duda en aplicarse con rigor a cualquiera que no les pertenezca, aplicándose a cualquiera que eleve el tono permisible según el criterio de sus amos. Esas élites que no dudan en saquear  las arcas públicas sin pudor, provocando la miseria y muerte allá donde aún puedan rapiñar un mísero céntimo más.

La realidad es que ese pequeño porcentaje de la población ha corrompido esa falsa denominación llamada Democracia que tan pomposamente venden, ese mantra de fuego que ha permitido convencer a la mayoría de la población de que todavía son dueños de su destino.  Al mismo tiempo han hecho todo lo posible por convencer a la mayoría de que votar es un esfuerzo inútil, la desesperanza es su mayor aliado junto al miedo. Mientras encadenaban a la gran mayoría a sus deudas y obligaciones a la otra parte le daban una esperanza de que los otros vivían mejor en democracia. Se han encargado de que los derechos sólo estén reflejados en papel, papel mojado fijado en las diferentes constituciones o declaraciones universales.

Es hora de que despertemos, les superamos en número y sin embargo ellos nos dominan…

— ¿Qué le parece?
—Bien, quizás algo explicativo ¿no?
—Bueno, es la primera, pensé que debía usarla para situar en contexto.
—Sí, puede ser una buen opción. Son obviedades por otro lado, por suerte seguirán estando más preocupados en sobrevivir.
— Señor Presidente ¿Están seguros de esto?
—Sí, la orden es aflojar un poco la soga y ofrecer una gota de esperanza. Que pierdan el tiempo soñando en utopías mientras nosotros disfrutamos ya de la nuestra. Continua escribiendo, en cuanto termines, se la hago llegar para que lo aprueben. 


J.L.Galán



Frase inicial del cuento/relato de @greepeeptoes. Iniciativa "El CuentaCuentos"




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