domingo, 11 de febrero de 2018

Son míos

Los peces nadaban en la dirección de los tiburones y sobrevivieron al alligator. Fue este último el que les salvó de ellos. En su interior resonaba un pensamiento: “Son míos”.

Seis naves giraban todavía dentro del perímetro de la mancha de sangre que se había precipitado tras la explosión de los escuálidos. Ninguna quería abandonar la seguridad de saberse ocultas a simple vista del resto. En realidad, eran cinco de ellas las que deseaban mantenerse en el anonimato. Los peces, así denominaban a las máquinas mono plazas, no deseaban exponerse a su gran depredador. Sabían que en realidad no eran más que su presa a pesar de haberles salvado de un peligro previo.

Desde el interior del Alligator contemplaban la presencia de los cinco pilotos gracias al radar de última generación. El capitán ordenó apuntar a los mono plazas con los sistemas balísticos. A ciegas y gracias al cálculo realizado por el responsable de radar la trayectoria fue en buena dirección de cada uno de los peces.

Alga, el jefe de patrulla de los peces, dio la orden de maniobra de evasión nada más escuchar el silbido de los misiles abandonando su alojamiento. Eso provocó que no pudieran hacer colisión tal y como hubiera gustado en el interior de la gran nave.  Las explosiones acabaron sucediendo a cientos de metros de distancia; el eco avisaba del peligro y en ese momento los peces, al unísono, decidieron iniciar una maniobra de evasión.

En direcciones opuestas, ocupando toda la rosa de los vientos obligaron a decidirse por una sola presa a su depredador natural. Con evidente frustración el capitán del Alligator eligió, al azar, dar caza a la nave más cercana dando la orden a toda su tripulación. Al abandonar la mancha se sorprendió a sí mismo de su acertada elección: Alga se encontraba en peligro.

En esta ocasión no escatimaría recursos. Ordenó cargar uno de los misiles con seguimiento de calor activado, escasos, pero mortales y precisos. No sería esa ocasión una excepción.
La explosión se observó desde el puente. Los peces nunca volverían a ser cinco. Ninguno de sus compañeros sabría nunca que pudo pasarle, pero nunca más volvieron a saber de él. El pez del capitán de la patrulla habría sido  doblegado. Las lágrimas anticiparon su venganza.

Aquel día marcó el inicio de la gran guerra. El mar jamás  volvería a ser un lugar tranquilo. 

J.L.Galán



Frase inicial del cuento/relato de Ángeles. Iniciativa "El CuentaCuentos"

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