domingo, 4 de marzo de 2018

Problemas

Despertó sobresaltado, pensó que todo había sido un sueño. Pero no. Ahora tenía un problema.

El cadáver seguía en la bañera cómo recordatorio de lo sucedido y ahora tenía que tomar una decisión antes de que Hector y Patricia regresaran del colegio. Todavía no tenía muy claro que hacer, pero sí por dónde empezar. Se puso unos guantes y a continuación quitó el tapón de la bañera dejando que el agua evacuase intentando evitar de paso tener que secar el cuerpo con sus propias manos antes de envolverlo en el plástico que había conseguido encontrar en la caseta del patio. En ese momento agradecía que su mujer lo guardara todo, a pesar de que siempre se había quejado de esa manía suya.  Extendió el plástico por todo el suelo del baño y se quedó de pie pensando en su próximo movimiento, mientras su cabeza sólo podía imaginar cómo les pediría perdón a sus hijos llegado el momento.

Cuando regreso a la realidad el cadáver todavía seguía húmedo, pero lo suficiente seco para no gotear por el camino que le separaba del baño al garaje. Lo sacó de la bañera y sobre el plástico empezó a darle vueltas intentando desfigurar aquella mirada acusadora sin vida que él creía que le observaba. Si hubiera habido más metros seguiría intentando cubrir su culpa, para su desgracia no era tan grande como para llegar a hacerle sentirse mejor.

Lo llevó hasta el maletero, pero en el momento en el que iba a introducirlo decidió que era preferible limpiarlo antes de meterlo dentro. Extrajo todos los juguetes, bolsas que habían sido acumuladas durante semanas sin ganas de sacarlas y subirlas a casa e incluso limpió la lona que cubría la tapicería original y que servía de frontera entre aquel momento en que fue todavía un coche nuevo y en el que comenzó a ser un trastero móvil para toda la familia.


No pudo evitar acordarse de todas las veces que le había dicho su esposa el hacer aquello mismo cuando se decidió a introducir el cuerpo en el maletero del coche.

El disponer de un garaje privado le había facilitado aquella parte del plan, pero ahora debía de intentar pasar más desapercibido. Condujo hasta un pinar que conocía al dedillo de sus paseos en bicicleta durante los fines de semana y cuando se aseguró de que no pasaba nadie por allí decidió  cavar el agujero donde terminaría enterrándolo. Debía de actuar con prisa y nada más acabar lo depositó  en su interior procediendo a taparlo e intentando que no se notara nada de lo acontecido hasta ese momento. De forma inmediata se alejó del lugar creyendo dejar atrás aquella pesadilla. 


De regreso creyó conveniente pasar por el lavadero de coches y una vez limpio, por dentro y por fuera, se fue de compras antes de volver a casa. 


Al entrar al garaje vio el otro coche aparcado en la acera y se temió lo peor. Que ya hubieran llegado. 



—¡Ah, eras tú! ¿Y los niños?
—¿Y quien iba a ser si no? Terminé antes, ahora iré a por ellos. ¿Ha pasado algo? Estás muy raro. Déjame que te ayude con las bolsas.
—No, no, tranquila. Es que... Pancho ha muerto. —dice como si nada mientras le pasa una bolsa.
—Cómo que ha muerto.
—¡Ni idea! —dice mientras levanta las manos en un gesto de yo no he sido con las otras dos bolsas todavía en las manos— bastante he tenido con ir a enterrarlo. Me preocupa Hector, sabes lo sensible que es.
—Sí, él puede que lo pase mal...
—No creas que le di vueltas mientras... —dice asintiendo con la cabeza.
—¿Y por qué no vamos a la tienda?
—¿Y vamos a encontrar una igual?
—Cariño, es una tortuga. Por muy diferente que sea, no creo que tu hijo se conozca el caparazón de memoria. Eso o le decimos que se fue de vacaciones.
—Vale, vale. Si se da cuenta, se lo cuenta mami. —dice mientras la señala.
—Anda tira, ¿en serio que le has enterrado? 
—Y tan en serio.

J.L.Galán


Frase inicial del cuento/relato de @BlasRuizGrau . Iniciativa "El CuentaCuentos"


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