viernes, 16 de febrero de 2018

Fruta de temporada

A Candela no le gustaba la fruta, para cada una encontraba un motivo distinto para no comerla, pero no había manera de que tomara una sola pieza.
Toda su familia, pese a ello seguía intentándolo día tras día: Con yogur, con azúcar, con nata…
Marta, cómo buena madre esta sabía que era necesario que los niños comieran fruta de manera que lo intentaba; día tras día,  con una distinta y siempre fruta de temporada (Esa fruta que en aquellos fríos días de invierno brotaban de forma natural en los campos de todo el mundo y que tan cómodamente compraban ellas cuando iban de compras todas las semanas).

Aquel lunes tocaba plátano. La niña según lo veía a la hora de la merienda ya comenzaba a poner caras. Su madre se lo cortaba en trocitos y los dos primeros si era capaz de dárselos, pero luego comenzaban las protestas: “ezta blando”, “es muy dulce”, “no gusta”… algún cacho siempre acababa en el suelo, la mayoría en el estómago de su madre. Candela se sonreía cada vez que veía vaciarse el plato con fruta.

El martes, Marta, la madre de Candela lo intentó con la naranja. Esponjosa, cortada en gajos. El color sí le gustaba a la niña, pero de esta ni un trozo se comía. Siempre escupía la piel y eso cuando con suerte la había espachurrado en su boca y parte del zumo lograba tragarlo. La mayoría de veces su camiseta disfrutaba de la merienda.

El miércoles, era su padre quien trataba de que la pequeña descubriera el sabor de la fresa. Ni con nata conseguía convencerla y eso que le encantaba “jugar” con su padre a prepararla. Lavarla, cortar el trocito verde y bañarla en nata. Las manos de la pequeña eran un peligro en esos momentos ya que manchaban cualquier cosa que tocara y ella se divertía con ello. Sobre todo viendo las caras de sus padres. Las fresas, en cualquier caso, quedaban sin tocar; mejor dicho: Quedaban sin comer.

Así pasaban los días: kiwi (Ella los llamaba: kiui), la pera (Siempre es singular para la pequeña), las manzanas o el melocotón fueron los siguientes intentos de parte de toda la familia y se volvía a empezar una detrás de otra sin éxito alguno. Hasta que…

Un día de fiesta en el cole estaban jugando en el cole con chocolate y de pronto se le ocurrió a  la profesora la idea de jugar a bañar a las frutas. Comenzaron a pelar unas piezas que sacaron del comedor en la hora de la comida y a partirla en pequeños trozos con los cuchillos de plástico.

Los trocitos de manzana se juntaban con los de plátano y naranja y por un pequeño tobogán improvisado con un vaso de plástico sin fondo o  pinchados en pequeños palitos de madera las frutas se bañaban en chocolate trocito a trocito. La mayoría de la clase ya había disfrutado de la merienda cuando le llegó el turno a Candela.

Inspirada por sus amigos tomó el pequeño trozo de plátano y lo pinchó con uno de los palitos y comenzó a juguetear en la fuente de chocolate. Al sacarlo veía como goteaba y le caía parte en las manos, caliente al principio, pero muy sabroso al chuparse los dedos. Animada por el sabor se metió el trozo en la boca y de repente empezó a disfrutar en su boca con  la mezcla de sabores que descubría por primera vez en su pequeña cabeza. Rápidamente cogió un trozo de naranja y otro de manzana y probó a bañarlos en chocolate. La naranja cayó por el tobogán y manchó a la niña en la camiseta. Riendo la recogió con el palillo como pudo, pinchándola y al meterla en la boca, sin haber terminado el trozo de manzana todavía,  mordió el chocolate ya duro y de repente el gajo de la naranja reventó mezclando el sabor de fruta con el chocolate en su pequeña boca.

En ese momento los padres entraban para recogerles en ese día especial y Marta se encontró a su hija saboreando la fruta, manchada de chocolate y restos de fruta de arriba a abajo, sin poder creer lo que veía.


La niña al ver a su madre sonrió y se le llenó la boca aún más, entre mordida y mordida, mientras decía: “Eto eta mu rico mami”.


J. L. Galán 

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