sábado, 23 de junio de 2018

La última vez

La última vez que se vieron les costó reconocerse. Lógico, ya que él ya no era y ella todavía le amaba. Tal y cómo recordaba sonaban los primeros acordes de una guitarra eléctrica en el momento en el que la sábana comenzaba a caer sobre el escenario. El sonido de la batería acompañaba el rasgueo de las cuerdas mientras la incertidumbre de los espectadores se acrecentaba y el vocalista aparecía por detrás del público entonando las primeras letras de la canción. En el lugar en el que segundos antes se hallaba un ilusionista, todo el público veía cómo se terminaba de posar la tela en el suelo.

Sobre las tablas un grupo de música al completo tocaba en directo. El aplauso había arrancado. Utrýmir, su nombre artístico, sonreía ante el júbilo que se apreciaba desde el camerino. Tachó el día del calendario situado en el lateral del espejo junto a la foto en la que aparecía años atrás junto a un joven uniformado. Recuerdan cómo si hubiera pasado ahora la conversación que mantuvieran.

—Sal del armario, Alicia —dijo mientras se giraba sonriendo. Nunca olvidaría ese perfume.

—Sabes de sobra que no uso —dijo mientras salía del armario insinuante y le propinaba un beso—. Quería que fuera una sorpresa. Ufff, sabes a plástico —comentó Alicia mientras se limpiaba los labios con un pañuelo de papel que cogía de la mesa.

—Lo sé, ¿por qué crees que suena nuestra canción? —Dijo guillándole el ojo—. ¿Hace mucho que llegaste?

—Lo sabes de sobra… —golpeándole en el hombro en un guiño de complicidad.

—Espera un momento —dijo mientras cortaba la conversación y la invitaba a sentarse en el sofá que había al lado.

Útrýmir comenzó a introducir sus dedos bajo la garganta, a la altura del nudo de la corbata, y con una ligera presión hacia arriba se desprendió de una máscara de látex que arrastraba una cabellera larga y oscura dejando al descubierto un pelo corto y rubio que acompañaba a su verdadero rostro. Con cuidado dejó la máscara en un soporte a medida que tenía sobre la mesa, al tiempo que desactivaba el modulador de voz que llevaba acoplado.

Las facciones de un delicado joven se convertían en la experiencia de una vida dedicada a ser otro, en pequeñas arrugas cubriendo aquel rostro de una veterana en el arte de no ser ella misma.

—Menudo corte de pelo, por lo demás veo que sigues como siempre, Dana. Las mismas arrugas, la misma costumbre de esconderte. –dijo Alicia al ver de nuevo su rostro.

— ¿Te gusta? Sabes que ocultarse es vital en mi oficio, aunque los años ya van pesando –dijo asintiendo.  Tú sí que has cambiado, de arriba a abajo por lo que veo –le sonrió pícaramente mientras echaba un vistazo de reojo a la foto.

— ¿Te gusta lo que ves? —comentó mientras no paraba de reír a carcajadas ante el comentario, habiéndose percatado de la foto en el espejo.

—Me gusta más lo que no veo. —dijo mientras la miraba de arriba abajo.

—Algunas cosas ya no las vas a ver nunca más cariño. —respondió mientras continuaba riendo.

Dana terminó de quitarse los restos de látex del rostro y se maquilló con presura, mientras terminaba de desvestirse al ritmo de las últimas notas de una versión algo más cañera de imposible de Melocos elegida para la ocasión y que todavía sonaba de lejos en el escenario. Se vistió con rapidez y presteza con el objeto de regresar antes de que comenzara la canción que cerraría el espectáculo de esa tarde.

—Lástima —le dijo Alicia al verla.

—Espera aquí y luego retomamos donde lo hayamos dejado —dijo mientras le daba un beso y se dirigía a la puerta con su sonrisa habitual. Alicia se sentaba en el sofá y comenzaba a ponerse cómoda.

Ya con ropa de calle Dana subió al patio de butacas y se sentó entre el público. Comenzaba a sonar Welcome to the jungle de Guns N’ Roses cuando el telón comenzó a cerrarse. Observaba como la gente dudaba sobre si ese era el final del espectáculo, mientras se miraban unos a otros desconcertados. Algunos comenzaban a ponerse de pie, mientras sonaba todavía la música y de repente las luces del escenario se apagaron y el telón volvió a abrirse. La sorpresa del auditorio invadía por última vez la sala: Donde segundos antes hubiera un grupo de música al completo tocando en directo, ahora solo había una gran pantalla en la que se podía leer el nombre del espectáculo en negro sobre blanco:

Nescencia Necat


Deseando volver al camerino paseó cómo una más en el bullicio mientras el resto abandonaba el teatro disfrutando de las opiniones que iba escuchando a hurtadillas entre las personas que habían ido a ver la actuación. La incertidumbre que sentía siempre sobre el escenario era siempre recompensada en ese preciso momento en el que volvía a ser ella. 


J.L.Galán




Frase inicial del cuento/relato de @isi_41. Iniciativa "El CuentaCuentos"




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