miércoles, 5 de septiembre de 2018

Sueño con ese verano

Iba a ser un verano más y resultó ser el último a tu lado. Todo empezaba cómo siempre, tus quejas ante lo evidente, la imposibilidad de cargar con todo. Tus bromas sobre a quién dejar fuera para que todo cupiera. Al final las maletas eran cargadas en el coche a modo de fase avanzada de tetris y el coche se ponía en marcha con todo y todos dentro. En ese momento siempre avisabas: <<No paro hasta llegar, espero que todo el mundo haya evacuado. >> Nadie lo hacía, nunca, y volvías a parar entre gruñidos. Todos subíamos a casa para descargar algo de peso y volvíamos a ponernos en marcha.  Tú seguías refunfuñando a nuestra vuelta y nosotras nos reíamos durante un buen rato mientras reanudabas el camino.

El viaje era largo, eso decías siempre. Recuerdo que siempre nos gritabas cuando ya no controlábamos el aburrimiento, amenazando con parar sin saber que muchas veces forzábamos un poco la tensión para que cumplieras tu promesa ¿Quizás lo supieras? Recuerdo que en esa ocasión sí fue algo más largo tras perderte en varias ocasiones. Te reías.

El primer día siempre era de contacto: Descarga de equipaje, preparar armarios, ojear la piscina, la playa y el paseo cercano. Siempre por ese orden aunque siempre acabábamos en la piscina al final del día. Eso era sagrado.

Recuerdo cómo nos obligabas a hacer los deberes, los librillos de verano cómo tú los llamabas. Las obligaciones primero decías y yo nunca te lo perdonaba, pero hacerlos era la única forma de que dejaras que me “perdiera” muchos días de playa en familia, a pesar de tus discusiones con mamá debido a esto, y así poder estar con mis amigas y a pesar de todo pasaba mucho rato enfadada contigo porque me obligabas a volver a comer y a cenar al apartamento. No te hablaba durante horas para ver si así lograba que cedieras. Nunca lo hiciste.

Recuerdo levantar la mirada del plato y pillarte mirándome y escuchar un suspiro antes de volver a verte conversar con mamá o la tata. Bufaba cada vez que os oía comentar algo sobre el día de playa y pese a ello siempre me pedías ir al día siguiente. Yo nunca quería, era cosa de niños y te miraba con odio cuando sonreías y contestabas que a ti si te gustaban esas cosas de críos.  

Recuerdo el día en el que mamá me llamó y no la creí, pero al regresar a comer y ver que no estabas terminaste preocupándonos a todas. Mamá iba a llamar a la policía cuando te vi a lo lejos desde la terraza y fui a buscarte.


Desde entonces sueño con ese verano, todos los veranos. Ojalá hubiera ido más a la playa, ojalá hubiera jugado más contigo porque siempre recordaré el miedo que me recorrió el cuerpo cuando al alcanzarte te toqué en el hombro y te diste la vuelta y no vi a mi papá en tus ojos. 

J.L.Galán

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